analiza el primer año de PPK

Un Hermoso Día

Publicado: 2009-08-30

No es común despertarme luego de haber dormido solo cinco horas por culpa de un inclemente insomnio y no estar fastidiada.

Tampoco es normal en mi no sentirme desahuciada cuando siento dolor en la rodilla izquierda, una contracción en el cuello, una punzada en una de las vértebras lumbares y una nueva y extraña molestia en el tercer dedo del pié derecho.

Esto era un buen presagio.

Salí de mi casa temprano, a la misma hora de siempre, y había sol. Todos sabemos cuan raro y agradable es que salga el sol en el invierno en Lima. Si supiera silbar hubiera silbado pero me contenté con repetir 2 o 3 frases de la canción de Tito El Bambino que sonaba en la radio “El amor es una magia. Una simple fantasía……que crece y crece…..”.

Hice todo lo que tenía que hacer, sin apuros y con gusto. Luego me senté a esperar. No se que esperaba pero lo hacía con ilusión y sin temores y mientras tanto iba leyendo, sin concentrarme, Perú 21.

Los rayos del sol iban calentando mi cuero cabelludo e iban entrando por el al resto de mi cuerpo. Su calor me iba llenando de algo similar a una gelatina que me producía cosquilleos y al poco rato toda yo me sentía suave y dispuesta.

En eso levanté la mirada y con dificultad por la mucha luz del día vi un espejismo. Parecía que era un caballo celeste pero no estaba segura. En cualquier caso sonreí desde el útero y decidí seguirlo. Me dejé llevar. No sabía a donde me conducía pero pensé que era bueno no tener las riendas siempre. Era como si estuviera de vacaciones en mi propia ciudad, como si yo fuera una turista y eso me encantó.

Caminé mucho, siguiéndolo siempre y olvidando por un rato la lista de cosas que tenía que hacer, dejando las culpas atrás, muy atrás.

Con cada paso mi cuerpo se iba acalorando, agitando, empapando de sudor. Comencé a jadear pero aún no quería detenerme. Música acompañaba mi paseo. Nunca dejó de sonar y eso contribuía a que cada esquina fuera más interesante. Me gustó todo lo que ví. No era nada nuevo, ni extraordinario pero ese día lo percibía especial, más que otros.

El caballo celeste se detuvo y a mi me comenzó a dar hambre. Entré a un chifa y comí pollo enrollado y chancho asado y quería seguir comiendo. Estaba insaciable.

No solo me llené la panza sino que me llené de mil sensaciones y de tanto sentir mi cuerpo, lo dejé de sentir. Quedé como anestesiada. Justo antes de que la saliva se me comience a derramar por las comisuras de la boca me incorporé. Fui al baño y en el espejo me ví rosada, despelucada y con el poco maquillaje corrido. Me pedí un café y un postre de flan con galletas. Cuando salí del local ya no estaba el espejismo del caballo celeste.

Al rato me encontré con mi madre. Pensé que su vitalidad, entusiasmo y, sobre todo, tranquilidad me dan a mi la felicidad y calma que necesito en mi vida. Si ella está bien yo también lo estoy.

Y llegó la noche. Hubiera preferido no ducharme y quedarme con el sudor pegajoso del día pero lo hice y me sentí pura y preparada para gozar de los vegetales crujientes y la frescura de cada ingrediente dizque orgánico. Mientras el vino recorría mi boca, garganta y esófago confirmaba que sentir placer es importante y sencillo y fácil.

Escuchaba a lo lejos el sonido de un piano y sus notas parecían dedos tocándome la clavícula, el vientre, la columna.

Su voz y sus palabras me fueron conduciendo al último placer del día, a dormir

De pronto un arrebatado pensamiento se cruzó por mi cabeza ¡Mañana! ¿Qué pasará? ¿Qué debo hacer? Pero justo antes de que esto arruine mi día un pesado y abrumador sueño se apoderó de mí salvándome de la incertidumbre y la angustia.


Escrito por

pachi valle riestra

mujer peruana de 42 años, bailarina, coreografa, maestra de danza. Además y aveces...jurado de programas concurso de baile en la televisíon, sin ser actriz ha actuado en la televisión y en teatro, sin ser escritora escribe porque la hace feliz, caminante porq


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