no le saca la vuelta a la ley

Durante el tiempo que me quede

Publicado: 2009-07-13

Estoy sentada en el Manolo tomándome un café y haciendo tiempo para la sesión de reflexología. Estoy con tos, un poco de fiebre y un sarpullido en el cuello. No me siento muy bien.

Veo pasar a cientos de personas por la Avenida Larco ¿Cuántos de ellos serán felices?

Pienso en que será lo próximo que escribiré para mi blog en La Mula. Estoy sin ideas. Miento. Ideas y pensamientos tengo miles pero me preocupa exponerme demasiado. Lo malo (y lo bueno, obvio) de escribir es que te van a leer. Luego la gente piensa que lo conoce a uno más y no sé si en estos momentos quiero que piensen eso. Estoy vulnerable. No quiero ridiculizarme ni herir a alguien. Es por esto que pienso que debo encontrar la inspiración en algo que no sea personal. Con la mirada hago un paneo para ver quien me llama la atención, quien despierta mi curiosidad. A mi derecha toma un chocolate caliente con 3 churros rellenos una mujer rica y apretadita. Disfruta sin aparente culpa de su lonchecito que sin duda colaborará con mantener sus desbordadas carnes bien sabrosas. Me encanta y la envidio. Pero no me captura totalmente. Tampoco la parejita de enamorados sentados atrás mío que comparte un helado gigante y muchos besitos y caricias de primerizos. Me dan ternura y también los envidio.

Sin duda hoy no es mi día, estoy negativa y auto compasiva.

Roto la cabeza en la otra dirección y mi mirada se topa con una anciana, viejita, viejita, viejísima y su enfermera. La anciana no es una mujer pequeñísima pero su acentuada joroba hace que su barbilla esté casi tocando la mesa. Los parpados superiores descolgados y las cataratas hacen casi imposible ver de que color tiene los ojos, sus manos artríticas y artrósicas le impiden agarrar la cuchara así que es la enfermera la que le dá helado de lúcuma en la boca. Parte del helado lo traga y la otra se le chorrea hacia la servilleta que le sirve de babero. Esta imagen me golpea. Siento una punzada en el estómago. Una profunda pena me invade, un terrible miedo me entra por la traquea como aire helado. Definitivamente en este caso no siento envidia.

Me pregunto si tiene hijos, nietos, esposo, amigos, alguien que la quiera. La enfermera es cuidadosa pero no parece quererla. Le habla como si le hablara a alguien muy tonto. La viejita no se ve feliz y me pregunto si se da cuenta que no está feliz y de ser así si preferiría estar muerta. ¡Muerta! La palabra me resuena en la cabeza y es que es la idea de la muerte lo que creo me ha estado perturbando hoy. Siento que la muerte esta rondando. Pina Bausch, Farrah Fawcett, Michael Jackson y los terriblemente muertos Alicia Delgado y ahora Marco Antonio ¿Puede alguien mantenerse indiferente a estas muertes y a la cobertura morbosa e intrusiva que les han dado? Yo no. Estoy afectada por ellas, con miedo.

Inevitablemente pienso en como será mi muerte, qué me la causará, cuando ocurrirá, como me recordarán……Yo siempre he pensado que voy a morir de vieja, como a la edad de la señora a la cual se le sigue chorreando el helado de lúcuma. La idea de llegar a esa edad y en esa condición me aterra. He imaginado que moriré sola en mi departamento y que como no tengo ni tendré hijos ni sobrinos pues nadie se enterará y me encontrarán muchos días después, totalmente putrefacta y rodeada de mis gatos hambrientos. Esta imagen me ha acosado a menudo y he pensado que debería desde ya asegurarme una casa de retiro donde al menos este segura que alguien se enterará que dejé de vivir ni bien eso ocurra pero hoy estoy sintiendo que mi muerte también podría estar a la vuelta de la esquina, que podría morir hoy mismo. El cuerpo se me estremece y los ojos se me humedecen. Si, por supuesto que podría morir ahorita mismo, o en estos días, todos podemos. Pienso en cuales podrían ser las causas. Que salga y distraída como siempre cruce la calle sin mirar y me arrolle una combi, que reciba los resultados de mi papanicolao mañana y que resulte que estoy con un cáncer a la cervix fulminante y me vaya (como Pina Bausch) en 5 días, que la bala perdida de un asalto me agarre fatalmente, que el reacondicionador en el piso de la ducha me haga resbalar, me golpee la cabeza y ahí quede tiesa, que alguien de mi pasado que guarda rencores finalmente se vengue y me de vuelta o mas bien algún fan perturbado o perturbada que ve mucha televisión y lee muchos periódicos chichas haga eso mismo. Definitivamente soy yo la que ha estado viendo y leyendo demasiadas noticias amarillas y espantosas. Me digo a mi misma que estoy pensando estupideces pero no puedo quitarme de encima estos pensamientos. Paso entonces a preguntarme como me recordaran. Barajo posibilidades. Algunos me recordaran como la bailarina trabajadora e incansable que aportó bastante a la danza contemporánea peruana. Eso está bonito, espero que me recuerden así. Inmediatamente pienso que otros me pueden recordar como la bailarina cobarde que teniendo las oportunidades a la mano no se atrevió a tomarlas y regresó de Nueva York al Perú antes de intentarlo todo. Algunos tal vez me recuerden como esa mujer insegura que por esperar ser demasiado nunca apreció lo que fue y por eso nunca vivió en paz. Otros como esa mujer libre de complejos y ataduras sociales que vivió como le dio la gana, que no se privó de experimentar y conocer sus múltiples facetas. Sería triste pero también posible que unos piensen que fuí una traidora, mentirosa e hipócrita. Espero que la mayoría me piense como una mujer apasionada, leal, que amaba intensamente y para siempre pero se que algunos creerán que fui muy controlada, cautelosa y medida. Que lo crean así no seria malo y quizás tengan razón. De pronto me comienzo a abrumar con todas las posibilidades de recuerdos que podré generar, si es que los genero. Se me vienen a la cabeza mas y mas cosas como hiper susceptible y débil, la reina del drama, divertida y reilona, buena amiga, difícil de entender, con secretos en el alma, totalmente abierta y franca, generosa, egocéntrica y vanidosa, obsesiva, equilibrada, vengativa, tolerante, autosuficiente, dependiente, adictiva, irresponsable, digna, sobria. Son demasiadas las maneras en que puedo ser recordada y por segundos siento que me comienzo a angustiar. ¡Otra cosa sobre la que no tengo control! Definitivamente no tengo control sobre el juicio y lo que cada quien puede ver en mi así que ¿de qué me preocupo? Es pura vanidad y ego y por suerte estos se comienzan a evaporar haciendo que recobre la calma. De repente la idea de morir también deja de parecerme tan terrible. Finalmente, una vez muerta no sentiré así que lo que me toca es vivir bien. Si, eso es. Vivir bien desde este mero instante y durante el tiempo que me quede. Me pido otro café pero esta vez sin culpas. De eso se trata, de soltar las culpas, de no tener miedos absurdos, de no autodestruirme pero tampoco protegerme tanto, de hacer las cosas por pasión y porque me interesan y no porque las “debo” hacer. De permitirme que muchas cosas me apasionen y me interesen, que mi mundo no sea chiquitito. De cuidar, amar y respetar a mis seres queridos, de no negarme mi naturaleza, de reconocer cuando algo es real y ,si lo es, vivirlo, responsablemente pero vivirlo. De sufrir cuando tengo que sufrir pero no colgarme en ese sentimiento y recordarme que no durará para siempre, que hasta el extremo sufrimiento se acaba o se merma. Quiero llenarme de arrugas producidas por la risa, la curiosidad, la audacia y no por la amargura y frustración. Quiero saber que valgo pero que eso no impide que me entregue con los brazos abiertos, quiero comer tomar, besar, bailar, cantar (aunque lo haga horrible), leer, jugar todos los días de la vida que me quede.

Me siento bien. Parece que la fiebre se me ha ido. Me miro al espejo que está frente y mi cara de alcón me parece interesante. Pago el café y mientras lo hago noto que la anciana esta parandose con ayuda de la enfermera y se acerca a mí. Camina lentito pero a medida que se esta mas cerca una sonrisa va empujando a su piel descolgada y arrugada. Sus ojos opacos tienen brillo. No lo entiendo. Mientras que me escupe un poco me dice “tu eres la de la televisión, no?” “¿Sabes que yo también bailo en mi casa? Ahora estoy aprendiendo tango”. Me guiña el ojo y la veo hermosa, guapísima. Pasito a paso va caminando y desapareciendo por Larco. Me quedo estupefacta.


Escrito por

pachi valle riestra

mujer peruana de 42 años, bailarina, coreografa, maestra de danza. Además y aveces...jurado de programas concurso de baile en la televisíon, sin ser actriz ha actuado en la televisión y en teatro, sin ser escritora escribe porque la hace feliz, caminante porq


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