defiende el enfoque de género

9 horas con Benicio del Toro

Publicado: 2009-07-06

“Tirada en la cama, mirando la tele y no viendo nada……” Así me encontraba ese día, como Amaral en su canción Sin Ti No Soy Nada. Era martes por la tarde y yo no tenía que hacer. Acababa de terminar un intenso proceso creativo y estaba pasando por el bajón post funciones.

Me había metido en la cama con un café y dos Sublimes y mientras hacía zapping esperaba encontrar algo en la televisión que me capture.

Este estado de abandono total, de entrega del peso de mi cuerpo al colchón me estaba generando una sensación de placer. Debió de ser eso y algo que ví en E! entertainment television lo que desato la siguiente fantasía:

Agosto del 2009 . Había viajado a Nueva York a tomar un par de talleres y sobre todo a visitar a mis amigos y a esa ciudad que tanto extraño. El verano estaba en pleno, había un calor terrible y como siempre, la ciudad destilaba vida por todos lados. Yo estaba feliz.

Era viernes en la noche y me estaba arreglando para ir a ver la obra en donde actuaba mi ex. A él le estaba yendo muy bien en su carrera como actor y siempre que yo viajaba a Nueva York tenía el placer de verlo en escena.

Mientras me maquillaba pensaba en lo bien que estaba en mi vida, me había convertido en una realizada y respetable señora, con una pareja estable finalmente, con una profesión difícil pero que me daba muchas satisfacciones, con un cuerpo fuerte a pesar de mis adoloridas rodillas y con una sensación de libertad deliciosa…Exhale de satisfacción, me puse mis tacos nuevos y salí camino al Public Theater.

La obra estuvo buenísima, mi ex genial, había madurado mucho como actor. Lo esperé fuera del teatro pues me había invitado a que lo acompañe a él y a su actual novia a una fiesta en Chelsea.

Me sorprendí cuando llegamos a la fiesta, era a todo meter. Varios super djs estaban mezclando, entre ellos Paul Oakenfold. Había tragos y comida a rabiar. Toda la gente era “bella”, asumo que la mayoría actores y actrices. De hecho me sentí un tanto intimidada pero me convencí a mi misma que a estas alturas de mi vida, nada de complejos, que tanto había vivido y visto que no estaba como para sentirme como una adolescente desadaptada.

Iba reconociendo algunas caras de famosos que había visto en películas y series. Estaban Brooke Shields, Jeffrey Wright, Omar Epps, Josh Brolin. Me sentía emocionada pero cual sería mi sorpresa cuando a mi derecha veo acercarse a Benicio Del Toro. Sí, al hombre de mis sueños. Vino directamente hacia donde estábamos. Mi ex lo saludó, le presentó a su novia y a mí. Todo fue tan abrupto que no tuve ni tiempo de ponerme nerviosa. Mientras le daba la mano, mi ex iba diciendo que yo era “hispanic from Perú”. Creo que eso le llamo la atención a Benicio pues recién ahí fijó su mirada en mi. Me preguntó de que parte y si vivía allá y de pronto estábamos conversando y ya no estaban ni mi ex ni su novia a nuestro lado.

No sé cuanto rato habremos conversado pues yo estaba en una burbuja increíble. Hablamos primero de Perú. Según él los países andinos eran lo máximo. Luego hablamos de sus primeros años de vida en Puerto Rico, antes de que lo mandaran a un internado en Pensilvania. Hablamos de Chavez, de que estábamos haciendo profesionalmente en ese momento, que si teníamos pareja, le dije que estaba con una mujer, me dijo que él también y a partir de ahí no dejamos de hablar de cualquier cosa. Los traguitos de hecho ayudaron a que la conversación sea tan divertida y relajada. Por ejemplo hablamos del sabor que tendría la oreja humana y el dedo meñique, hicimos un rap con palabras que tuvieran la letra “ch” y nos matamos de la risa especulando acerca de la vida secreta de ciertos invitados de la fiesta. Evidentemente a mí cada segundo me atraía más. Yo no sentía que a él yo le producía lo mismo, creo que simplemente le caía bien pero hubo un minuto de silencio y yo no tenía nada que perder. Se me salió de la boca de golpe, le dije que sabía que el se había acostado con muchas mujeres italianas pero que aparentemente con ninguna peruana y que por cultura general debería de hacerlo. Le dije que a pesar de que yo más parecía irlandesa era 100% peruana y que estaba dispuesta a sacarlo de la ignorancia en ese tema. Ni bien terminé la última palabra sentí que había metido la pata en gran forma y brillante estilo. El me miró con sus ojos de mapache sórdido y me dijo “vamos”. Me agarro del brazo y me jaló hacia la calle. Las piernas y la mandíbula me temblaban, sentía que me iba a desmayar, pensaba en mi pareja pero también en el trato que habíamos pactado hace años que le permitía a ella estar, sin sentir culpas ni tomarlo como una infidelidad, con Estefanía de Mónaco y lo mismo se aplicaba a mi justamente con Benicio del Toro.

Nos metimos en el primer taxi que paró y sin siquiera mirarnos nos metimos un revolcón que duró todo el camino hasta un edificio en Soho. La subida de escaleras fue apoteósica, nos rodamos un par de veces pero ni nos inmutamos, entramos al loft entre gateando y chocandonos con las paredes, nos arrastramos hacia una cama y recién ahí pausamos un segundo. El me miró y me preguntó “¿como es que te llamas?” yo me reí y sin contestarle le tape su boca con la mía.

Su cuerpo grande y con peso se movía como un jaguar hambriento mientras yo parecía succionar desesperada cada ápice de él. Nuestros sudores nos hacían fluir y cada vez empapaban más las sábanas. Sus carnes y las mías se mezclaban, se fundían, podíamos agarrarlas y jugosas chorreaban. Pasábamos de ritmos rápidos a sostenidos, de agresivos a tiernos. Esto duro bastante, no se cuanto exactamente pero cuando terminó, rendidos en la cama, comenzamos recién a conocernos. No se que puerta se habrá abierto pero hablamos de las cosas mas íntimas. El lloró recordando la muerte de su madre cuando era apenas un niño, yo lo ví tan indefenso y dulce que mientras me contaba entrecortado por el llanto lo traumático que esto había sido y la soledad que había sentido, yo lo besaba y me tomaba cada gota de sus lagrimas.

Al rato estábamos haciendo nuevamente el amor pero esta vez con un vinculo y un cariño especial.

Habremos dormido un par de horas, no más. A las 8 a.m sonó su despertador. Tenía que irse a una filmación pero antes de ducharnos nos dijimos cosas hermosas, de lo bonito que la habíamos pasado, de la conexión que teníamos y quedamos en vernos en la noche. Le propuse ir al nuevo restaurante de comida peruana que habían abierto en el Upper West Side. El, entusiasmado, acepto y quedamos en encontrarnos allá a las 9 p.m.

Durante el día estuve volando. Todo esto superaba a mis expectativas, no podía creer lo que estaba viviendo. A la vez sabía que en una semana regresaría a Lima y volvería a mi vida que era la que quería conservar, es decir a mi novia. Nada de esta experiencia tenía porque afectarla así que no me preocupaba.

Traté infructuosamente de descansar durante el día, de poner atención en el taller de Composición Instantánea que estaba tomando. No conseguía sacarme a Benicio de la cabeza.

Finalmente la noche había llegado. Como para variar llegué mucho antes de lo debido al restaurante. Pedí un trago para relajarme. Esperé tranquila hasta las 9 p.m a las 9.05 comencé a impacientarme, 9.15, 9.25, 9.43….¿que pasaba? Cuarenta y cinco minutos de retraso era demasiado lo llamé al celular, contestó la máquina, lo llamé al departamento donde se quedaba, la máquina también, nuevamente al celular y de nuevo y de nuevo y de nuevo…y nada.

Esto no era posible, no estaba ocurriendo. Decidí ir a su departamento. Me tomé la línea roja hasta Soho y caminé resoplando como un toro furibundo por las calles. Llegué al edificio y ví su luz prendida, volví a llamar. Toqué el timbre. Sabía que estaba adentro. Empujada por la ira tuve la estúpida idea de subirme por la escalera de incendios hasta su loft. No sé como lo hice y cuando llegué a su piso, lo ví por la ventana con las persianas semi abiertas. Estaba con el torso desnudo, con una copa de vino en la mano, al frente de él había una mujer, jovencita, no más de 23 años, totalmente desnuda, hermosa, con piel capulí, labios carnosos, tetas turgentes y voluminosas, curvas sinuosas, ni una mancha, ni un pelo, ni una estría, ni una arruga. El se acercaba a ella. Dejó la copa de vino en el suelo y se le lanzó como el jaguar hambriento que yo había conocido la noche anterior.

En ese momento se me vino el mundo abajo y no solo eso se me vino abajo. Yo me vine literalmente abajo, perdí el equilibrio y con las justas me agarre de un peldaño pero llegué al suelo mal torciéndome el tobillo derecho. No lo podía ni apoyar. Cojeando, saltando en una pata avancé y esperé desconsolada a que apareciera un taxi. Me llevó al departamento de mi amigo Andrew donde me estaba quedando. Tenía que subir 6 pisos, no había ascensor, lo hice sentada. Entré disminuida en 4 patas a ponerme hielo en mi tobillo cada vez mas hinchado. Andrew, preocupadísimo, me dio antinflamatorios y analgésicos que me aliviaron pero ¿que podía aliviar lo ridícula que me sentía? Si hasta hace 2 días me sentía una realizada y respetable señora pues ahora me sentía una vieja de m.

A la mañana siguiente no amanecí mejor, me quedé todo el día en cama, hacía la noche no solo no podía con el dolor de mi esguince sino que tenía un escozor en el pubis que no me dejaba tranquila. Me revisé y me encontré un sarpullido y pequeños puntidos azules. Miré mas detenidamente y ví pequeñas “cositas” que se movían por mis vellos púbicos. ¡Eran ladillas! ¡Benicio del Toro me había contagiado ladillas! Demasiado….

A los 5 días regresé a Lima con las ladillas controladas y con el píe un poquito mejor pero con el rabo entre las piernas. Sintiéndome muy ridícula y despotricando contra mi comportamiento infantil e impulsivo.

Unos días después abrí mi correo y ¡oh sorpresa! Había un correo de Benicio que decía : Hola Machi, Espero que tu visita a Nueva York haya sido placentera. Espero que tus bailes y vida en Bolivia sean todo un éxito, un abrazo, Beno.

¿“Machi”? ¿“Bolivia”? Eso ya era el colmo. Resoplé y me tumbe en la cama.

Cuando abrí los ojos los abrí de verdad. Ya no estaba tirada en la cama en mis fantasías sino tirada en la cama de mi vida real, tal y como estaba antes de iniciar esta terrible fantasía. Con cólera estaba pero estaba con cólera de ni siquiera ser capaz de tener una fantasía bonita y sin conflictos, de no poder tener el control ni de mis pensamientos ni fantasías. Me paré de la cama furiosa pensando que tener mucho rato libre es lo peor, que lo hace a uno pensar en estupideces. Decidí ponerme las pilas y escribirle a posibles auspiciadotes de pasajes pero en lugar de hacer eso me puse a escribir este tonto cuento……..


Escrito por

pachi valle riestra

mujer peruana de 42 años, bailarina, coreografa, maestra de danza. Además y aveces...jurado de programas concurso de baile en la televisíon, sin ser actriz ha actuado en la televisión y en teatro, sin ser escritora escribe porque la hace feliz, caminante porq


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