EVA

A Eva la conocí hace 2 semanas. Mi amigo Fernando estaba cumpliendo años y había decidido tirar la casa por la ventana con un fiestón impresionante. Yo no tenía muchas ganas de ir pues sabía que sus amigos eran totalmente esnobs y a pesar de que posiblemente me reiría un rato con ellos terminaría fastidiada con sus comentarios elitistas y discriminatorios. Por otro lado Fernando es un gran amigo y si no iba no me lo perdonaría jamás.
Así que sin darle muchas vueltas llegué a la fiesta que ya estaba reventando de gente dispuesta a divertirse hasta perder la razón.
Tal y como lo imaginé, luego de abrazar a mi ya borracho y querido Fernando me la pasé deambulando por el salón sin saber que hacer ni con quien hablar. Para disimular la incomodidad me tomé un par de tragos y bailé sola un rato pero recibí tantos empujones y pisotones de chicos extremadamente producidos y eufóricos que decidí sentarme en la barra y esperar el momento de la torta y el “Feliz Cumpleaños”. Por suerte encontré un banquito libre que atrapé como si yo fuera un naufrago y este el islote que me salvaría la vida.
De pronto al lado mío noté a una mujer, una de las pocas en la fiesta, que también parecía estar sola. Me acomodé para no darle la espalda y para verla mejor pues a primera impresión me había llamado mucho la atención. Era una mujer de alrededor de 50 años y parecía muy cómoda en su cuerpo. Era guapa y no disimulaba sus años, no necesitaba disimularlos pues su atractivo nada tenía que ver con parecer o no joven. Su cuerpo delgado y con bonitas proporciones no parecía haber sido ultrajado por cirugías. Su piel entre marrón y anaranjada era naturalmente aceitosa así que sus arrugas lucían bien allí. Tenia el pelo corto y pintado de rubio pero se notaban ligeramente las raíces, oscuras algunas y canosas otras. Su boca era grande, amplia y sus labios pintados de rojo eran el perfecto marco para sus dientes traviesos. Sus ojos negros, profundos y penetrantes parecían quemarme la piel detrás de las orejas.
Debió haber notado que yo la miraba mucho (desgraciadamente mirar intrusivamente a desconocidos es una característica que no puedo controlar) porque con una voz aterciopelada me dijo “Hola soy Eva”.
Es así que comenzamos a conversar y lo que yo pensé que sería una noche aburrida se convirtió en todo lo contrario.
De hecho era una mujer interesante y segura de si misma, había hecho muchas cosas y vivido experiencias de todo tipo. Actualmente era escultora y trabajaba con materiales reciclados. Ella habló mucho más que yo pues yo estaba tan ensimismada con ella que no dejaba de preguntarle cosas y ella parecía disfrutar de la atención que yo le daba.
En realidad yo no sabía si Eva me atraía porque quería estar con ella o porque quería ser como ella pero en cualquier caso me sentía feliz.
Finalmente y como era de suponer llegamos al tema de su vida romántica.
A los cuarenta años se había divorciado luego de 10 años de matrimonio. La relación no había podido sobrevivir el estrés y la decepción de buscar hijos durante 5 años sin lograrlo. Esta separación había sido muy traumática para ella. Luego de un tiempo de duelo y tristeza se sintió lista para conocer a otros hombres y entablar una relación de pareja nuevamente. Tras algunos intentos fallidos fue descartando la posibilidad de una relación seria. A los cuarenta y pico de años no estaba dispuesta a cambiar sus hábitos ni tenía ganas de ceder ni adaptarse a alguien con costumbres tan distintas a las suyas. Esto no la golpeó, finalmente era ella la que no lo deseaba. Lo que sí deseaba, creyó entonces, era tener amantes y así lo hizo. No le costó encontrarlos. Tuvo amantes de todo tipo y de todas las edades pero la mayoría fueron chicos jóvenes, mucho menores que ella, estudiantes de arte en la escuela donde ella enseñaba. Ella les llamaba sus “Boy Toys” y al principio todo funcionaba bien pues una relación sin compromisos y libre sonaba bien para todos… en teoría. Desgraciadamente ella se fue dando cuenta que no era tan “cool” como pensaba y que estas situaciones se volvían confusas, poco claras. Ella se había involucrado sentimentalmente en muchos casos y ellos en otros y en lugar de placer era dolor lo que le estaban produciendo. Así fue como decidió que este tipo de relaciones tampoco eran para ella. Ya no estaba para parejas formales ni para amantes sin compromiso pero tampoco estaba para llevar una vida sin sexo.
Durante meses vivió desesperada pensando que no había solución y cuando estaba a punto de resignarse se lo comentó a nuestro amigo mutuo Fernando y este de la manera mas natural y fresca le sugirió que llame a un escort para mujeres.
A ella esto le pareció aberrante. La idea de pagar por sexo, cuando ella en su vida siempre había sido objeto de deseo de muchos, le parecía patético, deprimente. Eva me contó que se molestó tanto con Fernando por esta sugerencia que se largo sin pagar la cuenta y no le habló en semanas. Durante esas semanas pensaba que qué se había creído Fernando al pensar que ella, tremendo mujerón, estaba tan desesperada como para pagarse un puto. Lo peor de todo, me dijo, era que sí estaba totalmente desesperada por sexo sin sentimientos involucrados.
Por esas cosas del destino justo cayó en sus manos la película Cowboy de Medianoche. El protagonista quería vivir de la prostitución con mujeres mayores y en una escena, cuando finalmente le liga, se mete con una mujer que no tenía nada de patética. Una mujer segura de si misma, dulce, inteligente, feliz, atractiva y aparentemente exitosa profesionalmente. Eva me contó que luego de ver la película no podía dejar de pensar en la posibilidad de pagarle a un hombre por sexo pero que ya no lo hacía con ese prejuicio y asco que le había producido originalmente. Dice que se alquilo Gigolo Americano y que se leyó La Casita Del Placer de Osvaldo Cattone pues había leído que trataba de este tema. Es así como se fue animando a investigar acerca de escorts para mujeres en Lima.
Lo primero que hizo fue buscar en Internet y por supuesto que encontró. Fueron apareciendo Víctor, Aldo, Miguel, Cesar…pero le parecía aterrador. No solo encontraba peligrosísima la idea de contactarlos sino que no le atraían nada. Lo que lograba ver de las fotos que colgaban así como sus terribles faltas ortográficas y pobre manera de escribir le quitaban las pilas en un segundo. Unos cobraban 50 soles las 2 horas otros 50 soles la hora. De ninguna manera los contactaría. Hasta que encontró el aviso de Adamo y entró a su web. Este le dio una mejor impresión y decidió llamarlo.
Justo cuando Eva estaba por contarme que había pasado con la llamada y yo moría de curiosidad y un poquito de espanto, llegó Fernando con dos amigos a sacarnos a bailar. Ni ella ni yo queríamos pero no nos quedó otra alternativa. Mientras la veía mover su cuerpo bien estructurado y emanar una fortaleza increíble pensaba que de ninguna forma me iba esa noche sin terminar de escuchar la historia de Eva y su vida sexual. Faltaba poco para que se acabe la canción y su risa repentinamente me comenzó a asustar…

Primera parte

Continue reading

Mujer encantadora viviendo en el punto medio

Hola, soy Marimar Ortiz y estoy viviendo mi mejor momento. He tenido una vida feliz, no lo niego pero no hay nada como la madurez y el equilibrio. Así es, estoy viviendo en equilibrio, en control, sabia y sensatamente y esto me hace muy muy feliz.
Por ejemplo, me despierto en las mañanas, luego de haber dormido siete u ocho horas (sin necesidad de pepitas) sin culpas, sin resaca, sin angustia. Abrazo el nuevo día y cuando puedo salgo a ver el mar. Si no tengo tiempo de hacer esto pues de frente tiendo la cama. Antes nunca la tendía. Ahora además de hacerlo rocío sobre las sábanas un spray que a veces dice “Calm” otras “Energy” y otras muchas “Love”.
Antes de ducharme me miro en el espejo desnuda, no demasiado rato para no caer en lo obsesivo, y siento que amo a mi cuerpo, a mi cuerpo y a sus defectos. Antes me fastidiaban algunas partes descolgadas y poco turgentes de él, mi tronco rectito y sin caderas, las bolsas debajo de los ojos pero ahora no porque ya no le temo al paso del tiempo pues sé hoy que mi belleza radica en la experiencia y en lo que emano. Es por esto que he descartado totalmente la posibilidad de gastar dinero, atención y energía en hacerme las cirugías que alguna vez deseé hacerme.
Mientras como un desayuno balanceado y tomo solo un café pienso en cuanto he avanzado y me siento una buena persona. En mi cabeza y espontáneamente repaso lo que soy hoy y mis logros. Un ejemplo es que sigo en contacto con mis emociones pero a diferencia de antes estas ya no me dominan. Tampoco dependo emocionalmente de alguien ni siento un apego enfermizo por las personas o cosas. Ni siquiera por mis fotos. Se que las cosas cambian y acojo los cambios con tranquilidad, pueden cambiar de un día para otro, inclusive de una hora para otra pero juro que ya aprendí a lidiar con eso. Tal y como me sugiere mi terapeuta observo mis sentimientos pero no los juzgo lo cual hace que no sea tan dura conmigo misma. Coincidentemente tampoco soy tan dura con otros y esto ha dado como resultado que no me pelee con la gente, solo intercambio puntos de vista.
Evito o me retiro a tiempo de situaciones que no me hacen bien. Ya no tengo moretoncitos en los ojos…y mis cicatrices se han cerrado. He logrado no salirme de las líneas cuando escribo, he aprendido a ahorrar y a no derrochar y solo tomo dos copas de vino cada noche. Actúo de acuerdo a mi edad y por eso mis padres viven tranquilos con respecto a mí pues saben que ya encontré la madurez.
Para mi es muy importante que ellos estén contentos así como el resto de la gente. Me preocupa e interesa la vida del resto. Es por esto que acojo y estoy al lado de quienes me necesitan y cuando me necesitan. Entrego sin esperar nada a cambio y recibo en mi casa a quien necesite refugio. Se escuchar y por lo general doy buenos consejos, quizás no siempre, tampoco soy perfecta. Mis comentarios son los precisos y siempre recalco lo bueno y doy sugerencias para mejorar lo que se puede mejorar.
Preparo un osobuco con quinua de rechuparse los dedos y los calzoncillos de mi amor los lavo a mano hasta dejarlos como nuevos.
Siempre he sido responsable en el trabajo pero ahora mi atención es exclusiva a lo que este me demande mientras esté trabajando. También recibo mejor las críticas y correcciones que me hacen.
Todo esto es genuino. Me sale naturalmente en algunos casos y en otros he trabajado duro y parejo para incorporarlo a mi ser y ¿saben que? Lo he logrado. Por eso cuando llega la noche me siento satisfecha. Mientras apago las luces y me pongo el pijama me felicito a mi misma. Me meto debajo de las sabanas y cierro los ojos reconfortada.
Pero algunas noches, mientras cuento los días para que regrese mi amor siento que algo se está incubando dentro de mi, algo caliente que tiembla y empuja. Esta sensación me preocupa. Presiento y temo que cuando aparezcan los síntomas me convertiré en un ser monstruoso que como a Medusa nadie tolerará mirarla pues se convertirán en piedras y que sus pelos se transformaran en culebras hambrientas e insaciables. En mi caso, por mis pupilas brotará a borbotones el fuego interno acumulado que quemará toda mi ropa así que bailaré desnuda durante días, sin tregua, hasta que mis pies sangren y cuando ya no pueda mas me desplomaré y rodaré extasiada por campos de amapolas hasta llegar a un abismo por el que caeré. El aire me golpeará la cara, la gravedad me jalará violentamente. Cuando llegue al suelo reptaré hacia la caverna que me cobijará y allí en la oscuridad y rodeada de estalactitas y estalagmitas copularé con quien se me crucé, no despreciaré a nadie finalmente todos seremos de la misma condición, inmorales y sin escrúpulos. Gritaré de placer hasta que mi cuerpo deshilachado caiga rendido y se suma en el mas profundo sueño.

Por suerte, cuando me despierto cada mañana esta sensación es tan solo un lejano recuerdo. Un recuerdo lejano, de mal gusto y de poca clase y yo hoy soy una mujer con pundonor.

Continue reading

En mi mochila roja y una maleta rodante

Por una ventanita rectangular, larga y angosta, veo lo que veo. Trato de registrarlo para llevarlo en mi memoria pues este paisaje no lo veré mas. He decidido irme. Decisión no es algo que me ha sobrado en estos tiempos ni en ningún otro de mi vida pero hoy he sentido con certeza que es lo que corresponde, que es la única sana alternativa, así que en pocas horas partiré.
Cierro la ventanita y mientras me subo los pantalones vuelvo a repetirme a mi misma que estoy en lo correcto, que he de salirme de esta burbuja en la que estoy viviendo porque si bien ha sido una burbuja deliciosa ya se comienzan a filtrar elementos externos que la hacen menos deliciosa y que poco a poco la romperán dejando pura amargura y quizás hasta agonía.
Me queda claro que este viaje tiene que ver más con salir de este lugar que con llegar a otro. Necesito estar fuerte emocional y físicamente. Reconocer mi valentía de ser capaz de tomar una decisión me da fuerza emocional y para obtener la física un super desayuno me hará bien.
Entro al restaurante del hotel, el buffet está servido y se ve espectacular. Melón, papaya, quesos, panes, huevos, tocino, salchicha de huacho, tamalitos. Hoy no tomaré ni yogurt ni cereal pero por supuesto sí mucho, mucho café.
En el restaurante hay 4 mesas ocupadas, 3 empresarios (al menos eso parecen) chilenos ocupan una, una pareja de jubilados franceses otra y las 2 que quedan están ocupadas por colombianos. Esto refuerza lo que veo observando que es que últimamente en Lima hay muchos colombianos, de distintas clases sociales.
La cara de placer de la gente mientras escoge lo que va a comer y da su primer bocado me encanta.
Me siento al lado de otra ventana, esta es muy amplia y se ve bastante de la avenida. Son las 8.17 a.m y la gente afuera se acomoda alrededor de un puesto de periódicos para leer los titulares del día. Alcanzo a leer “TERROR POR SIDA” “ A COCO, PACHON Y JORDAN EN PENAL LOS QUIEREN ENVENENAR” “SACABA DINERO EN AVION PRESIDENCIAL” “PROPAGANDA EMERRETISTA EN EL CONGRESO”. En lugar de sentir desprecio por esto siento un poco de pena, pena de que estas atrocidades dejen de ser parte de mi vida. El aroma del café tampoco ayuda y algo de melancolía se comienza a instalar en mí. Pienso en cuanto voy a extrañar esta ciudad y por primera vez no me irrita ver la cantidad de edificios que hay en construcción que se entrelazan con los cables destemplados que atraviesan los aires.
Admito que también me entristece no haber hecho todo lo que planeé hacer. No llegué a comer el ceviche de mango en la Punta ni a dormir una noche en el Hotel Bolivar. Nunca conocí el Superba y me daba ilusión tomarme un chicano de pisco allí.
Me había propuesto conocer toda mi ciudad, eso significaba pasearme por los distritos que nunca pisé osea El Agustino, Ate y San Juan de Lurigancho. Quise ir al estadio y presenciar un Clásico, no para ver el partido sino a los fanáticos y para equilibrar ir luego a Las Lomas de Lachay en pleno momento de florecimiento. Me quedé sin aprovechar los ciclos de películas gay, lésbicas y trans que pasan en el Centro Cultural de España, también sin aprender a bailar Marinera Norteña y Huaylarsh. Mis fantasías de adoptar un perro y sacarlo a pasear por el parque Domodosola también se truncarán. Últimamente quería ver a Wayo en concierto y comprar en el mercado de Surquillo………..
Por unos segundos dudo de mi decisión, me arrepiento, flaqueo, siento que no puedo hacerlo, que no soy capaz de salir de aquí, que se me está desgarrando algo dentro y que no podré soportarlo. Por suerte el recuerdo de cómo me sentí la noche anterior me asalta y me trae de regreso a la cordura, a la fortaleza, a la voluntad. Trago el último sorbo de café y sonrío pues me siento fuerte nuevamente además ¿quien dice que no regresaré? Lima no será la misma, lo sé pero tampoco yo lo seré. Con todo y cambios sé que siempre la querré, finalmente es mi ciudad.
Me levanto de la mesa y me encamino al cuarto, debo de arreglar un par de cosas antes de irme, hacer unas cuantas llamadas. Tampoco se trata de dejarlo todo regado.
Calculo que como a las 5 p.m estaré lista para partir y que todo lo que necesito llevarme entrará en mi mochila roja y una maleta rodante.

Continue reading

6 letras

No sabía con que me iba a encontrar cuando llegara pero sabía que no iba a ser nada bueno. Caminaba a toda velocidad por las calles en esa húmeda noche de invierno limeño. Tenía los puños cerrados, un ahogo en el pecho, el rostro congelado en una única mueca de pánico. Cruzaba las calles y las avenidas sin siquiera fijarme si lo hacia en luz roja o verde, mi determinación posiblemente frenaría hasta a los micros mas avezados e irrespetuosos.
Faltaban pocas cuadras para llegar a mi departamento cuando noté que me estaba clavando las uñitas en las palmas de mis manos y la pequeña herida que había creado comenzaba a sangrar ligeramente. Subí por las escaleras de 3 en 3 y recién cuando llegué a la puerta pausé por unos instantes. Saqué la llave presintiendo que no había vuelta atrás, que ya todo estaba perdido. Giré la manija y la puerta se abrió en cámara lenta. La sala/comedor estaba igualita a como la había dejado 3 horas atrás, las rodilleras sobre la mesa, los sacos tirados en el piso. Sin embargo ya no era la misma sala/comedor. El aire que la habitaba ya no era móvil, alborotado y vital sino mas bien denso, su peso me empujaba hacia el suelo.
No me atreví a llamarla, en lugar entré a la cocina. Sobre el microondas estaba su plato de comida entibiándose, una botella de vino abierta con poco vino dentro de ella y otro poquito en una copa. Atravesé el pasadizo ignorando al cuarto de huéspedes y entré al escritorio. Un condensado olor a cigarro me recibió mal. La maldita computadora estaba prendida y el correo abierto. Las colillas de 7 cigarrillos chancados con furia dentro de la tapa de una lata reflejaban lo que acababa de pasar. Ajusté los ojos con impotencia, tenía tantas explicaciones y justificaciones. Busqué a mis gatos para que sus miradas me den fuerza. No estaban por ningún lado y esto si que era una pésima señal pero fué cuando entré a nuestro cuarto y ví lo que ví que terminé por desplomarme. Ganchos de ropa tirados por el suelo, 4 cajones totalmente vacíos, una bolsa de Wong con nuestros juguetes cortados en pedacitos, destrozados. Solo había un pijama en la cama, el mío, y solo quedaba mi cepillo de dientes. Noté que faltaban otras cosas en el baño pero me había dejado nuestra nueva crema con ácido hialurónico para las arrugas. Esto me dio algo de esperanzas, aún se preocupaba por mi…El aroma de su perfume seguía revoloteando por el cuarto, quería agarrarlo, embadurnarme con el y decirle “Te amo” pero el aroma no se puede tocar y ahora a ella tampoco. Me tumbe en la cama y noté la forma de su cuerpo hecho un bollito marcado sobre las sábanas. Me pregunté cuanto tiempo abría estado ahí y en esa posición. Quería pegarme a mi misma, destrozarme por torpe, por descuidada por salpicar manchándolo todo. Quería romper todas las copas de cristal, bajarme las paredes a golpes y patadas, lanzar el televisor por la ventana y decirle mil veces la palabra que tenía (y tengo) en la punta de la boca. Tartamudeé en alto la primera letra: “p,p, p”. Eso desencadenó mi llanto y mi miseria que se convirtieron en aullidos, entonces aullé la segunda letra: “e” y luego la tercera: “r”. Después pasé un buen rato entre sollozos y lamentos y cuando volví a agarrar aire lo exhalé diciendo la cuarta letra ”d” y casi susurré la siguiente “o”. Para entonces ya no tenía fuerzas solo el deseo de que mi cuerpo se esfumara de la misma manera que sentía que el de ella se había esfumado. Lamentablemente mi corazón seguía golpeando a mi esternón y recordándome lo torpe que había sido. Luego de mucho rato de silencio y antes de quedarme dormida solté la sexta y última letra “n”.

En la madrugada me desperté, por segundos pensé que sus piernas flacas estaban entrelazadas con las mías pero no era así.
Una insoportable impotencia se había instalado en su lugar y a mi solo me quedaba esperar. Y aún hoy sigo esperando.

Continue reading

Durante el tiempo que me quede

Estoy sentada en el Manolo tomándome un café y haciendo tiempo para la sesión de reflexología. Estoy con tos, un poco de fiebre y un sarpullido en el cuello. No me siento muy bien.
Veo pasar a cientos de personas por la Avenida Larco ¿Cuántos de ellos serán felices?
Pienso en que será lo próximo que escribiré para mi blog en La Mula. Estoy sin ideas. Miento. Ideas y pensamientos tengo miles pero me preocupa exponerme demasiado. Lo malo (y lo bueno, obvio) de escribir es que te van a leer. Luego la gente piensa que lo conoce a uno más y no sé si en estos momentos quiero que piensen eso. Estoy vulnerable. No quiero ridiculizarme ni herir a alguien. Es por esto que pienso que debo encontrar la inspiración en algo que no sea personal. Con la mirada hago un paneo para ver quien me llama la atención, quien despierta mi curiosidad. A mi derecha toma un chocolate caliente con 3 churros rellenos una mujer rica y apretadita. Disfruta sin aparente culpa de su lonchecito que sin duda colaborará con mantener sus desbordadas carnes bien sabrosas. Me encanta y la envidio. Pero no me captura totalmente. Tampoco la parejita de enamorados sentados atrás mío que comparte un helado gigante y muchos besitos y caricias de primerizos. Me dan ternura y también los envidio.
Sin duda hoy no es mi día, estoy negativa y auto compasiva.
Roto la cabeza en la otra dirección y mi mirada se topa con una anciana, viejita, viejita, viejísima y su enfermera. La anciana no es una mujer pequeñísima pero su acentuada joroba hace que su barbilla esté casi tocando la mesa. Los parpados superiores descolgados y las cataratas hacen casi imposible ver de que color tiene los ojos, sus manos artríticas y artrósicas le impiden agarrar la cuchara así que es la enfermera la que le dá helado de lúcuma en la boca. Parte del helado lo traga y la otra se le chorrea hacia la servilleta que le sirve de babero. Esta imagen me golpea. Siento una punzada en el estómago. Una profunda pena me invade, un terrible miedo me entra por la traquea como aire helado. Definitivamente en este caso no siento envidia.
Me pregunto si tiene hijos, nietos, esposo, amigos, alguien que la quiera. La enfermera es cuidadosa pero no parece quererla. Le habla como si le hablara a alguien muy tonto. La viejita no se ve feliz y me pregunto si se da cuenta que no está feliz y de ser así si preferiría estar muerta. ¡Muerta! La palabra me resuena en la cabeza y es que es la idea de la muerte lo que creo me ha estado perturbando hoy. Siento que la muerte esta rondando. Pina Bausch, Farrah Fawcett, Michael Jackson y los terriblemente muertos Alicia Delgado y ahora Marco Antonio ¿Puede alguien mantenerse indiferente a estas muertes y a la cobertura morbosa e intrusiva que les han dado? Yo no. Estoy afectada por ellas, con miedo.
Inevitablemente pienso en como será mi muerte, qué me la causará, cuando ocurrirá, como me recordarán……Yo siempre he pensado que voy a morir de vieja, como a la edad de la señora a la cual se le sigue chorreando el helado de lúcuma. La idea de llegar a esa edad y en esa condición me aterra. He imaginado que moriré sola en mi departamento y que como no tengo ni tendré hijos ni sobrinos pues nadie se enterará y me encontrarán muchos días después, totalmente putrefacta y rodeada de mis gatos hambrientos. Esta imagen me ha acosado a menudo y he pensado que debería desde ya asegurarme una casa de retiro donde al menos este segura que alguien se enterará que dejé de vivir ni bien eso ocurra pero hoy estoy sintiendo que mi muerte también podría estar a la vuelta de la esquina, que podría morir hoy mismo. El cuerpo se me estremece y los ojos se me humedecen. Si, por supuesto que podría morir ahorita mismo, o en estos días, todos podemos. Pienso en cuales podrían ser las causas. Que salga y distraída como siempre cruce la calle sin mirar y me arrolle una combi, que reciba los resultados de mi papanicolao mañana y que resulte que estoy con un cáncer a la cervix fulminante y me vaya (como Pina Bausch) en 5 días, que la bala perdida de un asalto me agarre fatalmente, que el reacondicionador en el piso de la ducha me haga resbalar, me golpee la cabeza y ahí quede tiesa, que alguien de mi pasado que guarda rencores finalmente se vengue y me de vuelta o mas bien algún fan perturbado o perturbada que ve mucha televisión y lee muchos periódicos chichas haga eso mismo. Definitivamente soy yo la que ha estado viendo y leyendo demasiadas noticias amarillas y espantosas. Me digo a mi misma que estoy pensando estupideces pero no puedo quitarme de encima estos pensamientos. Paso entonces a preguntarme como me recordaran. Barajo posibilidades. Algunos me recordaran como la bailarina trabajadora e incansable que aportó bastante a la danza contemporánea peruana. Eso está bonito, espero que me recuerden así. Inmediatamente pienso que otros me pueden recordar como la bailarina cobarde que teniendo las oportunidades a la mano no se atrevió a tomarlas y regresó de Nueva York al Perú antes de intentarlo todo. Algunos tal vez me recuerden como esa mujer insegura que por esperar ser demasiado nunca apreció lo que fue y por eso nunca vivió en paz. Otros como esa mujer libre de complejos y ataduras sociales que vivió como le dio la gana, que no se privó de experimentar y conocer sus múltiples facetas. Sería triste pero también posible que unos piensen que fuí una traidora, mentirosa e hipócrita. Espero que la mayoría me piense como una mujer apasionada, leal, que amaba intensamente y para siempre pero se que algunos creerán que fui muy controlada, cautelosa y medida. Que lo crean así no seria malo y quizás tengan razón. De pronto me comienzo a abrumar con todas las posibilidades de recuerdos que podré generar, si es que los genero. Se me vienen a la cabeza mas y mas cosas como hiper susceptible y débil, la reina del drama, divertida y reilona, buena amiga, difícil de entender, con secretos en el alma, totalmente abierta y franca, generosa, egocéntrica y vanidosa, obsesiva, equilibrada, vengativa, tolerante, autosuficiente, dependiente, adictiva, irresponsable, digna, sobria. Son demasiadas las maneras en que puedo ser recordada y por segundos siento que me comienzo a angustiar. ¡Otra cosa sobre la que no tengo control! Definitivamente no tengo control sobre el juicio y lo que cada quien puede ver en mi así que ¿de qué me preocupo? Es pura vanidad y ego y por suerte estos se comienzan a evaporar haciendo que recobre la calma. De repente la idea de morir también deja de parecerme tan terrible. Finalmente, una vez muerta no sentiré así que lo que me toca es vivir bien. Si, eso es. Vivir bien desde este mero instante y durante el tiempo que me quede. Me pido otro café pero esta vez sin culpas. De eso se trata, de soltar las culpas, de no tener miedos absurdos, de no autodestruirme pero tampoco protegerme tanto, de hacer las cosas por pasión y porque me interesan y no porque las “debo” hacer. De permitirme que muchas cosas me apasionen y me interesen, que mi mundo no sea chiquitito. De cuidar, amar y respetar a mis seres queridos, de no negarme mi naturaleza, de reconocer cuando algo es real y ,si lo es, vivirlo, responsablemente pero vivirlo. De sufrir cuando tengo que sufrir pero no colgarme en ese sentimiento y recordarme que no durará para siempre, que hasta el extremo sufrimiento se acaba o se merma. Quiero llenarme de arrugas producidas por la risa, la curiosidad, la audacia y no por la amargura y frustración. Quiero saber que valgo pero que eso no impide que me entregue con los brazos abiertos, quiero comer tomar, besar, bailar, cantar (aunque lo haga horrible), leer, jugar todos los días de la vida que me quede.
Me siento bien. Parece que la fiebre se me ha ido. Me miro al espejo que está frente y mi cara de alcón me parece interesante. Pago el café y mientras lo hago noto que la anciana esta parandose con ayuda de la enfermera y se acerca a mí. Camina lentito pero a medida que se esta mas cerca una sonrisa va empujando a su piel descolgada y arrugada. Sus ojos opacos tienen brillo. No lo entiendo. Mientras que me escupe un poco me dice “tu eres la de la televisión, no?” “¿Sabes que yo también bailo en mi casa? Ahora estoy aprendiendo tango”. Me guiña el ojo y la veo hermosa, guapísima. Pasito a paso va caminando y desapareciendo por Larco. Me quedo estupefacta.

Continue reading

9 horas con Benicio del Toro

“Tirada en la cama, mirando la tele y no viendo nada……” Así me encontraba ese día, como Amaral en su canción Sin Ti No Soy Nada. Era martes por la tarde y yo no tenía que hacer. Acababa de terminar un intenso proceso creativo y estaba pasando por el bajón post funciones.
Me había metido en la cama con un café y dos Sublimes y mientras hacía zapping esperaba encontrar algo en la televisión que me capture.
Este estado de abandono total, de entrega del peso de mi cuerpo al colchón me estaba generando una sensación de placer. Debió de ser eso y algo que ví en E! entertainment television lo que desato la siguiente fantasía:

Agosto del 2009 . Había viajado a Nueva York a tomar un par de talleres y sobre todo a visitar a mis amigos y a esa ciudad que tanto extraño. El verano estaba en pleno, había un calor terrible y como siempre, la ciudad destilaba vida por todos lados. Yo estaba feliz.
Era viernes en la noche y me estaba arreglando para ir a ver la obra en donde actuaba mi ex. A él le estaba yendo muy bien en su carrera como actor y siempre que yo viajaba a Nueva York tenía el placer de verlo en escena.
Mientras me maquillaba pensaba en lo bien que estaba en mi vida, me había convertido en una realizada y respetable señora, con una pareja estable finalmente, con una profesión difícil pero que me daba muchas satisfacciones, con un cuerpo fuerte a pesar de mis adoloridas rodillas y con una sensación de libertad deliciosa…Exhale de satisfacción, me puse mis tacos nuevos y salí camino al Public Theater.
La obra estuvo buenísima, mi ex genial, había madurado mucho como actor. Lo esperé fuera del teatro pues me había invitado a que lo acompañe a él y a su actual novia a una fiesta en Chelsea.
Me sorprendí cuando llegamos a la fiesta, era a todo meter. Varios super djs estaban mezclando, entre ellos Paul Oakenfold. Había tragos y comida a rabiar. Toda la gente era “bella”, asumo que la mayoría actores y actrices. De hecho me sentí un tanto intimidada pero me convencí a mi misma que a estas alturas de mi vida, nada de complejos, que tanto había vivido y visto que no estaba como para sentirme como una adolescente desadaptada.
Iba reconociendo algunas caras de famosos que había visto en películas y series. Estaban Brooke Shields, Jeffrey Wright, Omar Epps, Josh Brolin. Me sentía emocionada pero cual sería mi sorpresa cuando a mi derecha veo acercarse a Benicio Del Toro. Sí, al hombre de mis sueños. Vino directamente hacia donde estábamos. Mi ex lo saludó, le presentó a su novia y a mí. Todo fue tan abrupto que no tuve ni tiempo de ponerme nerviosa. Mientras le daba la mano, mi ex iba diciendo que yo era “hispanic from Perú”. Creo que eso le llamo la atención a Benicio pues recién ahí fijó su mirada en mi. Me preguntó de que parte y si vivía allá y de pronto estábamos conversando y ya no estaban ni mi ex ni su novia a nuestro lado.
No sé cuanto rato habremos conversado pues yo estaba en una burbuja increíble. Hablamos primero de Perú. Según él los países andinos eran lo máximo. Luego hablamos de sus primeros años de vida en Puerto Rico, antes de que lo mandaran a un internado en Pensilvania. Hablamos de Chavez, de que estábamos haciendo profesionalmente en ese momento, que si teníamos pareja, le dije que estaba con una mujer, me dijo que él también y a partir de ahí no dejamos de hablar de cualquier cosa. Los traguitos de hecho ayudaron a que la conversación sea tan divertida y relajada. Por ejemplo hablamos del sabor que tendría la oreja humana y el dedo meñique, hicimos un rap con palabras que tuvieran la letra “ch” y nos matamos de la risa especulando acerca de la vida secreta de ciertos invitados de la fiesta. Evidentemente a mí cada segundo me atraía más. Yo no sentía que a él yo le producía lo mismo, creo que simplemente le caía bien pero hubo un minuto de silencio y yo no tenía nada que perder. Se me salió de la boca de golpe, le dije que sabía que el se había acostado con muchas mujeres italianas pero que aparentemente con ninguna peruana y que por cultura general debería de hacerlo. Le dije que a pesar de que yo más parecía irlandesa era 100% peruana y que estaba dispuesta a sacarlo de la ignorancia en ese tema. Ni bien terminé la última palabra sentí que había metido la pata en gran forma y brillante estilo. El me miró con sus ojos de mapache sórdido y me dijo “vamos”. Me agarro del brazo y me jaló hacia la calle. Las piernas y la mandíbula me temblaban, sentía que me iba a desmayar, pensaba en mi pareja pero también en el trato que habíamos pactado hace años que le permitía a ella estar, sin sentir culpas ni tomarlo como una infidelidad, con Estefanía de Mónaco y lo mismo se aplicaba a mi justamente con Benicio del Toro.
Nos metimos en el primer taxi que paró y sin siquiera mirarnos nos metimos un revolcón que duró todo el camino hasta un edificio en Soho. La subida de escaleras fue apoteósica, nos rodamos un par de veces pero ni nos inmutamos, entramos al loft entre gateando y chocandonos con las paredes, nos arrastramos hacia una cama y recién ahí pausamos un segundo. El me miró y me preguntó “¿como es que te llamas?” yo me reí y sin contestarle le tape su boca con la mía.
Su cuerpo grande y con peso se movía como un jaguar hambriento mientras yo parecía succionar desesperada cada ápice de él. Nuestros sudores nos hacían fluir y cada vez empapaban más las sábanas. Sus carnes y las mías se mezclaban, se fundían, podíamos agarrarlas y jugosas chorreaban. Pasábamos de ritmos rápidos a sostenidos, de agresivos a tiernos. Esto duro bastante, no se cuanto exactamente pero cuando terminó, rendidos en la cama, comenzamos recién a conocernos. No se que puerta se habrá abierto pero hablamos de las cosas mas íntimas. El lloró recordando la muerte de su madre cuando era apenas un niño, yo lo ví tan indefenso y dulce que mientras me contaba entrecortado por el llanto lo traumático que esto había sido y la soledad que había sentido, yo lo besaba y me tomaba cada gota de sus lagrimas.
Al rato estábamos haciendo nuevamente el amor pero esta vez con un vinculo y un cariño especial.
Habremos dormido un par de horas, no más. A las 8 a.m sonó su despertador. Tenía que irse a una filmación pero antes de ducharnos nos dijimos cosas hermosas, de lo bonito que la habíamos pasado, de la conexión que teníamos y quedamos en vernos en la noche. Le propuse ir al nuevo restaurante de comida peruana que habían abierto en el Upper West Side. El, entusiasmado, acepto y quedamos en encontrarnos allá a las 9 p.m.
Durante el día estuve volando. Todo esto superaba a mis expectativas, no podía creer lo que estaba viviendo. A la vez sabía que en una semana regresaría a Lima y volvería a mi vida que era la que quería conservar, es decir a mi novia. Nada de esta experiencia tenía porque afectarla así que no me preocupaba.
Traté infructuosamente de descansar durante el día, de poner atención en el taller de Composición Instantánea que estaba tomando. No conseguía sacarme a Benicio de la cabeza.
Finalmente la noche había llegado. Como para variar llegué mucho antes de lo debido al restaurante. Pedí un trago para relajarme. Esperé tranquila hasta las 9 p.m a las 9.05 comencé a impacientarme, 9.15, 9.25, 9.43….¿que pasaba? Cuarenta y cinco minutos de retraso era demasiado lo llamé al celular, contestó la máquina, lo llamé al departamento donde se quedaba, la máquina también, nuevamente al celular y de nuevo y de nuevo y de nuevo…y nada.
Esto no era posible, no estaba ocurriendo. Decidí ir a su departamento. Me tomé la línea roja hasta Soho y caminé resoplando como un toro furibundo por las calles. Llegué al edificio y ví su luz prendida, volví a llamar. Toqué el timbre. Sabía que estaba adentro. Empujada por la ira tuve la estúpida idea de subirme por la escalera de incendios hasta su loft. No sé como lo hice y cuando llegué a su piso, lo ví por la ventana con las persianas semi abiertas. Estaba con el torso desnudo, con una copa de vino en la mano, al frente de él había una mujer, jovencita, no más de 23 años, totalmente desnuda, hermosa, con piel capulí, labios carnosos, tetas turgentes y voluminosas, curvas sinuosas, ni una mancha, ni un pelo, ni una estría, ni una arruga. El se acercaba a ella. Dejó la copa de vino en el suelo y se le lanzó como el jaguar hambriento que yo había conocido la noche anterior.
En ese momento se me vino el mundo abajo y no solo eso se me vino abajo. Yo me vine literalmente abajo, perdí el equilibrio y con las justas me agarre de un peldaño pero llegué al suelo mal torciéndome el tobillo derecho. No lo podía ni apoyar. Cojeando, saltando en una pata avancé y esperé desconsolada a que apareciera un taxi. Me llevó al departamento de mi amigo Andrew donde me estaba quedando. Tenía que subir 6 pisos, no había ascensor, lo hice sentada. Entré disminuida en 4 patas a ponerme hielo en mi tobillo cada vez mas hinchado. Andrew, preocupadísimo, me dio antinflamatorios y analgésicos que me aliviaron pero ¿que podía aliviar lo ridícula que me sentía? Si hasta hace 2 días me sentía una realizada y respetable señora pues ahora me sentía una vieja de m.
A la mañana siguiente no amanecí mejor, me quedé todo el día en cama, hacía la noche no solo no podía con el dolor de mi esguince sino que tenía un escozor en el pubis que no me dejaba tranquila. Me revisé y me encontré un sarpullido y pequeños puntidos azules. Miré mas detenidamente y ví pequeñas “cositas” que se movían por mis vellos púbicos. ¡Eran ladillas! ¡Benicio del Toro me había contagiado ladillas! Demasiado….
A los 5 días regresé a Lima con las ladillas controladas y con el píe un poquito mejor pero con el rabo entre las piernas. Sintiéndome muy ridícula y despotricando contra mi comportamiento infantil e impulsivo.
Unos días después abrí mi correo y ¡oh sorpresa! Había un correo de Benicio que decía : Hola Machi, Espero que tu visita a Nueva York haya sido placentera. Espero que tus bailes y vida en Bolivia sean todo un éxito, un abrazo, Beno.
¿“Machi”? ¿“Bolivia”? Eso ya era el colmo. Resoplé y me tumbe en la cama.

Cuando abrí los ojos los abrí de verdad. Ya no estaba tirada en la cama en mis fantasías sino tirada en la cama de mi vida real, tal y como estaba antes de iniciar esta terrible fantasía. Con cólera estaba pero estaba con cólera de ni siquiera ser capaz de tener una fantasía bonita y sin conflictos, de no poder tener el control ni de mis pensamientos ni fantasías. Me paré de la cama furiosa pensando que tener mucho rato libre es lo peor, que lo hace a uno pensar en estupideces. Decidí ponerme las pilas y escribirle a posibles auspiciadotes de pasajes pero en lugar de hacer eso me puse a escribir este tonto cuento……..

Continue reading

¿Y ahora qué?

Sábado 20 de junio. 7.20 p.m. La función está por comenzar. La última función. Todo acaba hoy. Luego de 5 meses maravillosos de proceso creativo (hasta me atrevería a decir que ha sido el mejor proceso de mi vida) todo acaba hoy.
El teatro se comienza a llenar. Desde la cabina veo las cabecitas que van tomando los asientos. A las 7.45 está totalmente lleno. La luz comienza a bajar. Llamo a camerinos a avisar que estamos listos. Siento una vez mas ese delicioso escalofrío que recorre mi columna, las palpitaciones, maripositas en el estomago y mi cuerpo se comienza a calentar. Los cachetes los siento hirviendo y sé que mi pelo se está erizando segundo a segundo (¡al finalizar la función mi melena estará gigante!).
Walter y yo nos damos el último apretón. 3, 2, 1, comienza la función.
Durante la siguiente hora y cinco minutos, ni un segundo de distracción. Veo admirada y orgullosa los cuerpos encendidos de los bailarines, entregados, creciendo en escena, creyendo totalmente en lo que hacen, sudando, cautivando, viviendo plenamente.
Pienso que quiero morir haciendo esto, que si algo define a mi vida es esto.
La música de Duke Ellington comienza a sonar. Es la última del espectáculo. Tengo un nudo en la garganta, me resisto a que termine pero obviamente los finales no esperan y cuando menos me doy cuenta ya estoy yo también parada en el escenario agradeciendo. Los aplausos, los silbidos, uno que otro grito. Me quedaría ahí eternamente pero tengo que correr. Así es, en este día tan y tan especial debo correr al programa de televisión en el que trabajo. Antes de partir abrazo a los bailarines y a Denise. Quiero decirles que los adoro que me han hecho muy, muy feliz. Las palabras bonitas cuando me salen vienen acompañadas de llanto así que me las aguanto. Corro hacia la movilidad que me espera, veo algunas caras contentas que salen de la función pero yo ya estoy vía canal 4.
Una vez ahí a maquillarse, a cambiarse, a recibir las indicaciones de la noche. “Un whisky por favor” pido. Y ya estamos al aire. ¿Como puede uno cambiar el switch tan rápidamente? Yo no puedo. Mi cabeza sigue en la última función de Corpus Breve. “Otro whisky”. El programa va transcurriendo sin mayores acontecimientos y mi cabeza está ahora en encontrarme con mi gente para festejar y bailar y bailar y bailar hasta caer rendida. Los participantes en escena se esfuerzan, lloran, ríen, se abrazan, le agradecen a Dios. Me pego pensando en que pasa con toda la energía emocional que producimos los humanos…antes de distraerme demasiado ya me estoy tomando el tercer whisky y el programa acabó.
Cecilia y su mercedes negro me dejan a toda velocidad en la calle Berlín donde me encontraré con mi adorado Walter y algunos de los voluntarios que apoyaron en Corpus Breve.
Los encuentro sentados tomando. Walter me recibe con un chop que me lo trago de una. Yo no puedo estar sentada así que me lanzo a la pista de baile. Reggeaton, merengue lo que sea pero a bailar. Es lo único que me salvará de la pena que me producen los finales. Una vez mas el baile me salvará. Más chela. Voy sintiendo como una ola depredadora se apodera de mí y veo frente a mi a un guapo bouncer. Lo invito a bailar pero me dice que esta trabajando y no puede. Antes de que fiche a una nueva “victima” un hombre me saca a bailar. Ni le veo la cara, total lo que yo quiero es bailar y sentir un cuerpo que baila conmigo. Comenzamos a girar. Me agarra fuerte. Siento su mano acercarse a mi nalga izquierda. Adrede dejo que la chela de mi vaso le moje los zapatos. Es hora de cambiar de cuerpo. Veo frente a mí a una sonrisa simpática. Lo invito a bailar, más chela y nuevamente cuerpo a cuerpo comenzamos a girar. Este me cae bien pienso. Su torso musculoso me acoge, me siento bien pero comienza a hablar. No quiero escuchar palabras hombre dulce. Le explico que tengo novia, me dice que lo sabe y nos despedimos.
Es hora de irme a darle el encuentro a los bailarines, a Denise a la gente que realmente quiero y me quiere. Ahí están casi todos. Mas chelas, abrazos, lagrimas, agradecimientos, deseos de seguir trabajando juntos. Me siento feliz…y lloro.

El domingo me levanto a las 10.50 a.m. El dolor de cabeza no me deja dormir más. Estoy sola en la cama. Ella ya partió a México. El silencio es enorme, Mi cuerpo hinchado por tanto alcohol no se puede mover. Un pito sutil pero agudo me atraviesa de oreja a oreja. Es lo único que se escucha. Mis gatos parecen darse cuenta de cuan desvalida me siento y se echan sobre mi pecho y mi panza para impedir que el vacío se apodere totalmente de mi. Lo único que se viene a mi mente una y otra vez es la pregunta ¿y ahora que?

Hoy lunes me siento descansada. Me he levantado lista para enfrentar una nueva etapa. No se cual será ni como vendrá. Por lo pronto será buena comenzarla ordenando la casa, botando la basura acumulada, guardando los recortes de papeles periódicos, reciclando las botellas de vidrio, sacando la comida ya casi podrida de la nevera, lavando la ropa acumulada. En un rato llamaré a sacar cita para una limpieza facial, para un reacondicionamiento de pelo, para que el doctor Mesarina me inyecte las rodillas, para que el doctor Mariategui me haga el papanicolao. Iré al mercado a comprar comida sana, tomaré mucha agua, le comparé los regalos atrasados a mis padres, gozaré de la visita de mi hermana en Lima, compraré flores para reencontrar la paz y retomaré la novela Madre que estás en los Cielos. Con eso dejaré mi etapa egocéntrica. Dejaré de ser la protagonista del cuento para sumergirme en la vida de otros.
Que rico y que alivio………

Continue reading

Hoy no escribiré

Cuando Rolando Toledo me propuso escribir para La Mula no sé que sentí primero, si sorpresa, ilusión o pánico. Sorpresa porque nadie me asocia con la escritura, ni yo. La gente me ve como Pachil la bailarina y punto. Me han llamado para muchas cosas en mi vida pero para escribir…nunca antes.
Ilusión porque en realidad de niña, en primaria, me gustaba escribir. Ese tipo de vocación que uno tiene de niña y que no desarrolla y que los únicos que lo recuerdan son los padres de uno. Mi papá hasta el día de hoy siempre me dice “Pachi, tienes que escribir” y yo pienso que es porque no se ha dado cuenta de que ya crecí o porque no le tiene tanto respeto a la danza y quisiera que mi vocación artística la plasme en algo mas “importante” pero en realidad estos pensamientos son solo producto de la hija engreída e insegura que a veces sigo siendo con mi papá. El es un hombre totalmente respetuoso de la vida de sus hijas y por lo visto muy perceptivo porque creo que en realidad me he estado muriendo de ganas de hacerlo durante muchos años. ¿Que porque no lo he hecho? ¿Quién sabe? La cosa es que es por esto que sentí ilusión.
Y pánico…yo siento pánico a menudo. No es raro pero en esta ocasión era por 3 motivos. Primero porque soy de otro siglo, el mundo cibernético es chino para mí. Me costó horrores entender el FACEBOOK y pensar que tenía que abrirme un blog para publicar lo que escribía me ponía de mal humor. Segundo porque tenía miedo de hacerlo pésimo, de escribir bodrio tras bodrio y por último porque intuía que lo que me iba a pasar es exactamente lo que me ha pasado.
Luego de mucho procrastinar me senté al frente de la computadora. Apreté la primera tecla y cual huayco se me salieron miles de ideas, pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones hechas palabras. Una explosión que no paró hasta que había terminado mi primer articulo. Me sentí expuesta, vulnerable, avergonzada. Igual lo publiqué. Lo mismo me paso una semana después, con el segundo articulo.
Esto me ha dejado demasiado desconcertada. Mi vida como bailarina y coreógrafa se ha tratado ha consistido y sigue consistiendo, en no reprimirme nada, en poner toda mi verdad en escena, sea esa verdad algún tema que me inquiete en el momento, emociones, situaciones personales, lo que sea pero nada me he reprimido. Entonces, ¿por qué ahora me siento tan expuesta? Hace 2 días apareció una respuesta. Aquella misma idea o aquel mismo sentimiento que quiero comunicar se manifiesta de manera distinta con palabras que con movimiento. Cuando lo expreso con movimiento se siente como algo inherente, esencial y puro del ser humano. Una característica de nuestra especie que no debe juzgarse, que solo se observa mientras que con la palabra suena a pecado. Sí, a eso se siente y es quizás por este motivo que no me dediqué a escribir en mi vida porque no estaba dispuesta a sentir que pecaba pero tampoco a dejar de hacer o ser lo que me diera la gana y lo que sintiera que pertenecía a mi naturaleza.
Es por eso que hoy no voy a escribir. Esta semana me sumergiré nuevamente en el mundo del movimiento. El jueves, viernes y sábado presentaré mi último montaje Corpus Breve.
La próxima semana volveré a pecar…………

Continue reading

De regreso

Ya regresé. Me fui por un ratito pero estoy de regreso.
En realidad no sé donde estuve, estuve perdida.
Todo ocurrió hace menos de un mes. Era domingo por la noche. Los domingos siempre me invade la nostalgia. Decidí salir a caminar por el malecón antes de dormir. Había neblina, mucha neblina. No se veía el mar, no se veía casi nada. Yo realmente quería ver el mar….
Pasé por el parque del Amor, El Faro y no se a que altura exactamente me comencé a sentir cansada. No quería regresar caminando. A mi derecha ví pasar un taxi y lo hice parar. Yo soy sumamente paranoica y miedosa, últimamente nunca tomo taxis de la calle y por eso no me explico porque lo detuve. Ni siquiera le pregunté cuanto me cobraría sino que abrí la puerta, metí la primera pierna al carro y juacatela!!! Fui succionada de la manera mas violenta hacia no sé donde. Por el desconcierto y la ferocidad de la succión no recuerdo nada. Cuando volví a tomar conciencia estaba a toda velocidad en la vía expresa. No veía la cara del chofer ni quería hacerlo. No tenía miedo. Era como si yo realmente quisiera estar ahí. Sí, yo quería estar ahí.
Salimos de la Vía Expresa. La oscuridad de la noche no me permitía descifrar si estaba por La Victoria, Breña o Pueblo Libre. Llegue a un parque. Ese parque me parecía familiar pero no lograba recordar cuando había estado ahí, si es que había estado ahí. Mi aturdimiento me hizo pensar que de repente estaba experimentando una regresión al pasado, finalmente mi personalidad nostálgica me ha hecho ese tipo de pasadas antes. El problema era que no sabía si estaba reviviendo mis 15, 21 o 28 años. Definitivamente no sentía que tenía los 40 que tengo.
Al frente del parque, en una esquina había una casa, caminé hacia ella sin vacilar. Era evidente para mí en ese momento que tenía que entrar a esa casa. Es mas, quería entrar a esa casa. Subí unas escaleras de caracol. La puerta estaba cerrada pero antes de tocar un guapísimo anfitrión me abrió la puerta. Me sonrío y tomo de la mano. Era un encantador efebo. Me indicó que pase, que entre a la habitación vacía. Sentí un huracán en las entrañas, esa mezcla de deseo y ligero temor. Voltee a mirar a mi anfitrión para encontrar apoyo, para que su tierna sonrisa me contuviera pero su cara era otra, a quien ví en lugar fue a un matón, a un psicópata. “Donde estoy” dije pero mis palabras nunca se escucharon porque una música pulsante y con harto volumen invadió todo el espacio. Mis piernas flaquearon, mi cuerpo cayo y comenzó a convulsionar, o al menos algo parecido le pasaba a mi cuerpo Yo no tenía control de el, se movía solo, como si estuviera poseída por un animal salvaje que se retorcía sin cesar. De mí salían fluidos extraños, mi saliva no era saliva, era un líquido ardiente, algo caliente me cubría el cuerpo. Por lo poco que podía ver parecía sangre paro nada me dolía, no parecía tener heridas. Por un instante me pregunte si estaba en peligro de muerte y si lo estaba si lucharía por no morir o me dejaría ir con placer. Decidí que haría lo segundo y perdí la conciencia.

Cuando regresé a ella la música había cambiado, era suave, brasilera creo. Estaba sola en ese cuarto vacío. Comenzaba a amanecer. Estaba caliente, como si tuviera fiebre pero mi cuerpo sentía una fortaleza increíble. Cada fibra muscular estaba activada.
Sabía que tenía que regresar pero mi cuerpo no quería moverse de ahí. Me forcé a levantarme. Salí. Una señora madrugadora paseaba a su perro. Comencé a caminar por las calles pero no tenía ni idea de donde podía estar. Las pocas personas en la calle me miraban extraño. Me sentía paranoica y observada. No quería preguntarles nada.
Seguí caminando sin rumbo. Pero el problema no era ese. El problema era que no quería encontrar el rumbo. No sabía que quería. Me senté. Creo que estaba al lado de una Huaca. No me moví de allí por mucho rato. Lo único claro que tenía era que ya no era la dulce Pachi sino una insensible a la cual poco le importaba los sentimientos de sus seres queridos.
Pasaron unos días creo y así como no recuerdo que me succiono de golpe tampoco sé que me empujo de a poquitos de regreso pero nuevamente me encontré caminando por calles y esta vez las iba reconociendo. La Avenida del Ejercito, Pardo, Grau, Puente Villena, Larco y finalmente la calle de mi edificio. Lo miré como quien mira una postal. Con distancia. Los porteros no parecieron sorprendidos al verme. Nada me preguntaron. Entré al departamento y mis 2 adorados gatos me esperaban en la puerta. Este fue el primer remezón que me trajo de regreso. Había abandonado a mis bebes!!! Los cargué, los bese, les pedí disculpas y me las dieron a cambio de que les llene el plato con comida. Entré al cuarto. Ella no estaba pero me había dejado un mensaje por teléfono que decía que su vuelo llegaba a las 3 p.m. Su voz terminó por devolverme a mi vida. Sentí que la amaba, que amaba a mi vida. ¿Qué había pasado? ¿Dónde había estado? También sentí un escalofrío de pánico al pensar que había estado a punto de perder todo lo que tenía. Un llanto turbulento se apodero de mi. Lloré y lloré sin parar. Luego me levanté de la cama. Me metí a la ducha. Limpié la casa un poco. Terminé a tiempo. Cuando la ví entrar me le abalancé. Le di 40 besitos en sus ojos de caramelo, en sus antebrazos fuertes, en sus piernas flacas.

Hoy me desperté luego de haber dormido 8 horas. Juan me vino a recoger como siempre para llevarme a la Católica. Mientras me subía a su carro ví todo con claridad, Esta era mi vida. Las mañanas en su carro leyendo El Trome. Mis clases de Andanzas. El regreso con Lucho, el taxista del tico destartalado, escuchando Onda Cero 98.1 y cantando (el y yo) las cumbias a todo volumen. Los ensayos para Corpus Breve recargándome con la energía de los maravillosos bailarines. Mis caminatas con Natalia llenas de dióxido de carbono a la calle Chiclayo donde le dicto clases a un grupo de personas de lo mas variado y amoroso. Los sábados eufóricos con Gisela. Los domingos familiares y opíparos con mis viejos adorados. Las visitas a Wong para relajarme (y probar todo lo que pueda de las degustaciones gratis). Las carcajadas con Walter. Los apapachos a mis gatos y la perdida de paciencia cuando no me dejan dormir y por supuesto mis días, tardes y noches con ella, jugando a ser animalitos, tomando vino, entrelazando piernas, oliéndola, aprendiendo, nutriéndome y admirándola aún 8 años después. Esta es mi vida y mi vida me gusta.
Agradezco estar de regreso

Continue reading

¿Cual es el sonido de la ansiedad?

Las 7.10 a.m Suena el despertador. Salto de la cama como un resorte. A pesar que durante la noche dormí mal por la estrasístolis que no dejaba quieto a mi corazón y por el insomnio que hacía que mi cerebro produzca borbotones de pensamientos me paro de la cama con una energía y determinación increíble. Ni siento el menisco desgarrado de mi rodilla izquierda y mucho menos las 4 hernias en mis vértebras cervicales.
Camino entre la ropa sucia y media sucia tirada por nuestro cuarto. Recuerdo que hace 3 semanas no lavo ropa. Tampoco lo haré hoy pienso. Prendo la computadora y vuelo a preparar el café, el primero de los 5 que posiblemente me tome durante el día. Últimamente prefiero la gastritis que me causan estos (aunque ya ni la siento) y el hecho de que no ayude con mi síndrome de colon re irritable, que vivir sin él.
Mientras que se va haciendo voy leyendo los dos, tres, cuatro CINCO papelitos que tengo pegados por distintos puntos del departamento con lo que tengo que hacer hoy, esta semana y la siguiente. Solo me quedan 2 semanas
De pronto me comienzo a angustiar. Siento como que me ahogo y me obligo a exhalar pero igual siento un líquido medio caliente y ácido que me va inundando el cuerpo. Ya lo reconozco, estoy segura que es la mezcla de él cortisol y la adrenalina- las hormonas del estrés.
Por la ventana entra una neblina helada (vivo en Miraflores) y me golpea la cara pero me doy cuenta que a pesar del frío estoy sudando, el polo de mi pijama tiene las axilas empapadas, entre las tetas y debajo de ellas hay acumuladas varias gotitas heladas y saladas de ese sudor extraño.
El café está listo y su aroma por un segundo me da paz…por un segundo no más porque inmediatamente después me veo la muñeca de la mano derecha con la que me estoy sirviendo el café y aparte de escuálida (eso siempre) veo las venas hinchadas. La sangre está bombeando tan fuertemente que mis venas y arterias están a punto de explotar.
Atolondradamente me apuro hacia el baño. Desde que desperté quería mear y aún no lo he hecho. La vejiga es flexible pero no tanto pienso. Siento otro segundo de alivio mientras va cayendo la orina. Frente al inodoro hay un espejo. Me veo por primera vez en el día. Que!!!! Esa soy yo? Las bolsas debajo de mis ojos están enormes. Eso me pasa cuando tomo medio Alprazolán en la noche pero anoche no lo hice (lo último que quisiera es volverme adicta a él) pero lo mas llamativo de mi cara esta mañana es el gran y “colifloriento” herpes que me ha salido en el labio. Justo hoy que tengo sesión de fotos…..

Cierro los ojos, me sale un sonidito- gemido –aullido extraño de la garganta y finalmente reconozco que estoy estresada. Si señores y señoras, niños, niñas, adolescentes y cualquiera que está leyendo esto…estoy ESTRESADA en mayúsculas.

Y porque? Pues porque estoy a punto de estrenar mi nuevo montaje de danza CORPUS BREVE. Hace tiempo que no dirijo o coreografío y hace mucho más tiempo que no lo hago sin estar yo dentro bailando. Este 18, 19 y 20 de junio dentro del marco del Festival Internacional Danza Nueva del ICPNA estoy presentando mi última creación que aunque esté produciéndome este nivel de ansiedad me ha producido y sigue haciéndolo (aunque no lo crean) una enorme felicidad. Felicidad quizás porque soy masoquista, porque me gusta ver y sentir a mi cuerpo de esta manera, me gusta sentir que tengo un motor interno que no me deja en paz, al que no puedo controlar, que me invade y empuja sin compasión. Que me toma y afecta todos los sistemas del cuerpo y que lo hará por un tiempo determinado para después dejarme de golpe y vacía sin saber si lo que viví fue cierto o no.

Pero antes de que eso suceda seguiré gozando de esta terrible ansiedad.
Vengan a ver Corpus Breve el espectáculo causante y resultado de todo esto que además habla del cuerpo humano. De lo maravilloso que es, de lo fuerte que es , de lo imperfecto que es, de lo efímero que es…..

Los espero (nuevamente la info) :
Jueves 18, Viernes 19 y Sábado 20 de junio en El ICPNA de Miraflores (esquina de Arequipa con Angamos) a las 7.30 en punto.
Las entradas están a s/. 40 soles y solo el jueves hay precio de estudiante a s/.20

Carola Robles en cardiovascular

Carola Robles en cardiovascular

Continue reading

prev posts prev posts