Vivencias

El sábado pasado se llevaron todas las puertas de mi casa. Absolutamente todas. Y que conste que no lo digo metafóricamente. Es una cruda realidad…
Temprano en la mañana llegaron cuatro hombres, apenas saludaron, ni siquiera me miraron, entraron directa y avasalladoramente a hacer su labor y bisagra por bisagra desencajaron las puertas de sus umbrales.
Yo intenté decirles que tengan cuidado con las paredes, con las puertas mismas con los gatos, con lo que fuera pero me dejaron parada en la mitad de la sala con las palabras en la boca agria.
Con una rapidez casi inhumana fueron agrupando cada puerta de la casa en el recibidor. Las puertas de los cuartos, de los baños, de la despensa, de los muebles de cocina, del repostero, de los closets, del armario, los cajones también. Cuando ya no quedaba mas que la puerta de la entrada y la puerta falsa me dijeron un par de cosas que por mi estado atónito no entendí y se fueron dejándome parada en el mismo sitio donde me encontraron al llegar.

Me tomó un tiempo salir del desconcierto y recuperarme de la sensación de saqueo, de ultraje, de violación.
Di un par de pasos cuidadosos. Hacer ruido o alborotar el aire en esos momentos hubiese sido como echar acido muriático en una llaga.
Cuando luego de unos minutos vi salir de quien sabe donde a los aterrorizados gatos sentí la confianza de caminar con cautela por mi casa.

Primero entré a la cocina y me sorprendió la cantidad de cosas que parecían haber brotado de los muebles sin puertas, no solo vajilla y cientos de utensilios de cocina sino cuadernos, libros, adornos, recibos pagados, guías telefónicas, pilas, palos, llaves imanes y cuanto cachivache uno se pueda imaginar. Quien hubiera creído que tantas cosas habían estado llenando esos espacios.
Un poco fastidiada por el desorden continué revisando mi casa. El siguiente cuarto fue el de huéspedes. Ni bien entré sentí como si una avalancha cayera sobre mi. Del armario y del closet saltaron cientos de cosas mas, esta vez eran ropa, fotos, agendas viejas, cuadernos, música, afiches, recortes de periódicos, más libros y más adornos y miles y miles de recuerdos. Yo he vivido en esta casa 10 años pero podría jurar que estaban guardados allí todos los años de mi vida.
Fui de cuarto en cuarto y en cada uno de ellos pasó lo mismo y más. Salían abriéndose paso las miles de vivencias acumuladas durante tanto tiempo. Habían estado apiñadas y silenciadas detrás de las fuertes y represoras puertas de madera pintadas de blanco. Ahora todas podían salir, no había nada que las sujete o calle, algunas rodaron libres y por instantes me refrescaron y robaron una sonrisa, otras solo querían estar presentes pero eran demasiadas y no había lugar para ellas, pero muchas estaban rabiosas, habían estado ahogadas, tapadas e incubando rabia y ahora avanzaban gritando y exigiendo atención.
Todas estas vivencias convertidas en objetos, en cosas materiales rodaban, marchaban, se arrastraban invadiendo cada espacio vacío de la casa. Fueron haciendo con migo lo que yo les había hecho durante años. Me fueron arrinconando, chancando, estrujando. Comenzaron a asfixiarme. Se me arrojaban una tras otra refregándose en mi cara y obligándome a aceptar quien era yo en realidad. Traté de explicarles que yo pensé que lo que había hecho estos años con ellas era contenerlas, aguantarlas, ponerlas a dormir placidamente pero aparentemente las había querido desaparecer y ellas no habían ocurrido para que esto sucediera. Ellas querían estar presentes mientras estuvieran vivas. Ese día caí en cuenta que son longevas e intensas, demasiado para mi propio bienestar pero así son y no las puedo cambiar.

Cuando sentí que me ahogaba traté de sujetarlas y calmarlas pero han estado invadiendo cada milímetro de mi casa desde el sábado sin dejarme en paz. Hasta ayer he intentado regresar tarde y cansada para caer rendida e ignorarlas pero no me dejan dormir, me despiertan durante la noche y temprano en la mañana. Hoy les he pedido comprensión, he jurado que no voy a desentenderme de ellas pero que hasta que pueda lidiar con ellas me comprendan y se queden quietas en cajas de embalaje. Les he contado que nos vamos a un sitio nuevo, y que una por una las sacaré de las cajas y le daré su tiempo, conversaremos y luego las ubicaré en un lugar cómodo, nunca mas apiñadas, desatendidas ni empolvadas.
Hasta el medio día han estado tranquilas pero se han ido inquietando durante la tarde y en estos momentos, siendo las 10.57 de la noche del domingo 7 de febrero están nuevamente desconfiadas y ruidosas. Golpean las cajas de cartón y como histéricas me hablan todas a la vez. Creo que no podré dormir bien tampoco esta noche.

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10 Comments on "Vivencias"

  1. Pachi Valle Riestra
    palabrasuicida
    08/02/2010 at 9:48 am Permalink

    Objetos-símbolo de lo vivido: Ancla que nos mantiene firmes en un lugar o lastre que no permite avanzar. Yo no los soporto, ¿A quién le puede interesar después de la muerte? Total, lo vivido se queda en los ojos, en la piel, no? Se puede hacer excepciones, pero, llenarse de ellos?

  2. Pachi Valle Riestra
    Silvia
    08/02/2010 at 12:08 pm Permalink

    mujer, cada vez escribes mas rico, las metáforas que utilizas, los símbolos,etc. logras ponerle secuencia y ritmo a cada sensacion tuya, tanto que uno de lector, puede experimentarla casi igual a ti, en verdad te felicito!
    los objetos, por si solos, deberian hacer “objetivas” las situaciones, es decir, sin emoción. pero los objetos existen por nosotros, se vuelven sujetos de nuestras emociones y tanto mas, la experiencia de ellos es altamente subjetiva, y por eso, te entiendo. besos

  3. Pachi Valle Riestra
    leda
    08/02/2010 at 2:20 pm Permalink

    Pachi, supongo que estas tan acostumbrada y enfermizamente encariñada con tus objetos (ya sean buenos o malos) que no los quieres dejar ir, eso nos pasa a todos, todos acumulamos objetos, y los guardamos pensando “esto me sirvió de mucho” o “esto tal vez me sirva”, y los guardamos con mayor celo si el precio pagado por ellos fue mayor, pero aunque suene una frase cliché “la vida es ahora”, y no nos damos cuenta de eso hasta que muere un ser querido, y pensamos ¡pobre era tan joven, o bueno, o lo que sea!, pero resulta que él nunca se imagino en ese cajón, porque también estuvo preocupado en su colección de objetos inservibles, así como lo estamos nosotros ahora, por eso te aconsejo que qué te parece si abres esas cajas y dejas que los objetos viejos y polvorientos se larguen a donde mejor se acomoden, y consigues objetos nuevos, mas bonitos, que te hagan sentir bien, que no te traigan recuerdos (sobre todo malos, feos e inservibles) y que simplemente te dejen vivir el ahora, y conforme vayan llegando acarícialos, dales su tiempo, apapáchalos como si fuera tu ultimo dia, disfrútalos sin dejar nada para mañana, sin dejar nuevamente que se acumulen y se resientan tras las puertas cerradas, de ese modo y si se te presenta la oportunidad podrás compartirlos con quienes los necesiten, sin temor a quedarte sin ellos nuevamente, ya que los disfrutaste al máximo, y te puedo asegurar que aquellos objetos que compartas te serán retribuidos multiplicados por mil pero en felicidad y sonrisas, así cuando se te apague la luz te iras con una enorme sonrisa y tu equipaje será ligero porque las maletas estarán vacías.

  4. Pachi Valle Riestra
    leda
    08/02/2010 at 2:20 pm Permalink

    A propósito, ¿alguien ha visto mis lentes de prejuicio y discriminación que muy gentilmente me obsequiaron mis padres, maestros, tios, amigos, etc cuando era niña?, bueno en realidad no deseo encontrarlos, ya pasaron de moda para mí y me alegra constatar que puedo ver todo mas claro sin ellos……

  5. Pachi Valle Riestra
    Ethel
    08/02/2010 at 7:04 pm Permalink

    Pachi, super interesante. Gracias por escribir… por hacerlo cada vez mejor, y por compartirlo. Sucede que capto todo lo que quieres transmitir, pero no puedo codificar en palabras las ideas que inundan mi mente esta vez…
    Solo felicitarte, y desearte lo mejor… espero estés bien, muuuuy bien, en este momento no se te siente tanto así, pero recuerda que todo pasa… todo

    Asi que cuidate mucho chica guapa… y lo de cuidarse en serio, si no se cuida una misma ¿quien? Cuidarse la mente, el alma, no permitir que nos dañen o que nos hagan dudar de quienes somos, protegerse, claro no tanto tampoco no? Que vivir en una coraza, no es vida… En fin, ya me enredé, creo que estoy hablando por mi… mmm y ojalá no nos dejes tanto tiempo sin una de tus historias, es que tienen un componente francamente adictivo

    PD: leda xvre lo de los lentes

  6. Pachi Valle Riestra
    Empress
    09/02/2010 at 1:26 am Permalink

    Creo que debes liberar tus objetos. Ya no tienen razon de ser. Han estado diez o mas agnos guardados y hasta que se llevaron las puertas no “existian”. Deja que el pasado siga al pasado y haz lugar, espacio, para lo nuevo, lo insolito y maravilloso. Las cosas no tienen valor por si mismas, nosotras las cargamos de sentidos. Lo viejo nos mantiene atascados en el pasado que ya no existe. Disculpa las fallas ortograficas.

  7. Pachi Valle Riestra
    Chimpantrulo
    12/02/2010 at 2:12 am Permalink

    Recuerdo que cuando mi mamá dejó su casa en La Victoria yo me llevé (robé) una puerta, la mejor conservada, la cual coloqué en la puerta de la habitación más privada de mi actual casa, el baño, no sé pero en el fondo tal vez quería conservar un pedazo de esa casa donde pasé toda mi niñez. Saludos, un gusto leerte.

  8. Pachi Valle Riestra
    bibiana
    13/02/2010 at 3:48 pm Permalink

    Gran error pensar que los objetos y todo lo que estaba ahí guardado tenía voluntad para estar y quedarse ahí. Estuvieron ahí pq un ser nostálgico hasta la entraña como aquella mujer les dió el espacio, los dejó ahí para que la acompañen por siempre. Recuerdos y vivencias que despiertan toda clase de emociones. Y pq ella desea que esa sea su función.
    Esas cosas permiten saber de donde ella vino, lo que ha vivido y tal vez en algún momento le darán la claridad de saber hacia donde ir.

    Y lo cierto es que cuando regresen las puertas seguirán ahí, por siempre.
    El pasado no tiene pq descartarse, no es malo y no tienen pq enfrentarse a lo nuevo por venir. Y creo que ella sabe que es así.
    O me equivoco?

  9. Pachi Valle Riestra
    victoria
    14/02/2010 at 12:01 pm Permalink

    Solo los objetos que marcaron nuestra vida los conservaremos durante toda la vida, pues todo lo demas se tornan en recuerdo. A veces para dar un nuevo paso o el deseo de volver a nacer, es necesario estar ligero de carga.

  10. Pachi Valle Riestra
    leda
    16/02/2010 at 10:07 am Permalink

    bibiana, coincido contigo en que el pasado no tiene porque descartarse, sobre todo cuando ciertos objetos nos han traido buenos momentos, y claro que ella sabrá que hacer con sus objetos, sobre todo con los que guarda en la mesita de noche bajo siete llaves jejeje.

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