La Pena

Fue bueno para ella aprender que la pena y el miedo son cosas distintas. Fue mejor aún reconocer que por suerte ella sufría de pena y no de miedo. Pensó que el miedo paraliza mientras que a la pena se le espanta bailando, saltando, girando, rodando, sudando y convulsionando. Ingenua ella.

Fue así como una tarde a principios de verano decidió exorcizar su pena. Se puso un vestido con vuelo y unos zapatos con amortiguación y partió segura que lograría su cometido.

Entró al amplio y semi oscuro salón con piso de cemento pulido. Nadie bailaba aún. La gente esperaba cobardemente a que algún desvergonzado iniciara la rumba. Ella no se dejó intimidar por las miradas enjuiciadoras que le recordaban lo torpe y egoísta que había sido. En realidad ya no tenía que perder. La pena la tenía en el subsuelo y su única alternativa era sacarla, exprimirla fuera de su sistema así que comenzó poco a poco.
Su cuerpo se fue moviendo al ritmo de Lárgate, de los hermanos Yaipen y luego de toda la recatafila de éxitos bailables del 2009 pero nada. El baile no estaba surtiendo efecto. Seguía exactamente igual de desalmada y acongojada. Le hecho la culpa a la música. Pidió que la cambien.
Y como el dj era un buen hombre decidió complacerla poniendo la inmensa variedad de música que podría ayudarla a exorcizar la demoníaca pena.
Con Bebé fue sintiendo como su cuerpo se calentaba, Con Jay Z y Alicia Keys ya estaba hirviendo y se movía solo, iba perdiendo el control. Cuando MGMT sonó ya estaba ella saltando tan alto que algunas mechas tocaban el techo y con los Rolling Stones ella volaba de pared a pared.
En ese momento pensó que ya estaba todo arreglado, que por lo menos sentiría tranquilidad nuevamente pero fue justamente este pensamiento que la hizo caer desde lo mas alto y no solo se golpeó la cadera sino que su esperanza de mejora se derramó. Se sentía peor que antes.

Desesperada salió a la calle y corrió sin tregua hasta la playa. Si iba muy rápido quizá dejaba a la pena atrás. Pero tampoco funcionó.
Se metió sin cuidado al agua helada y peligrosa. Las olas la cacheteaban, la zamaqueaban con una fuerza asesina que sin duda matarían también a la pinche pena. Pero no fue así. Mas bien la empujaron a la orilla.
Dos hombres la observaban atónitos mientras tomaban cervezas. Se le ocurrió por un momento morderlos, dejarse tomar por ellos, rodar por la arena rasposa con ambos. Pero descartó esa idea. La había probado antes y no le había funcionado.

Entonces pensó que lo que necesitaba era silencio, inmovilidad. Caminó hacia su departamento abatida y se sentó en el banquito que le había hecho su padre años atrás. Sintió su respiración, y el peso de su pelvis. Si reencontraba su centro se sentiría mejor.

Pasaron minutos y lo único que encontró fue a la pena misma. De pronto la vio clarísima. La pena era nada mas ni nada menos que una especie de arácnido, algo así como una garrapata que se enganchaba fuerte con sus ocho patas y no se soltaba hasta estar repleta. La garrapata que la habitaba había encontrado a la anfitriona ideal y no se llenaba fácilmente. Era devoradora y no solo se alimentaba de sangre sino de todo lo que encontraba. Iba creciendo y engordando segundo a segundo.
Cayó en cuenta que la sensación de tener un hueco en la boca del estomago no era solamente una sensación, era una realidad. La garrapata había comenzado por allí, primero comiéndose su comida y luego raspándole y perforándole la capa interna del estomago con los dientecillos.
Si el corazón le golpeaba con mas fuerza era porque los tejidos alrededor se los estaba devorando y poco a poco estaba quedando el órgano sangriento mas expuesto, sin nada que lo proteja.
Además le había estado chupando el oxigeno y los nutrientes de la sangre.
Si le costaba respirar era porque también había succionado parte de sus bronquiolos y alvéolos y los pocos que le quedaban no eran suficientes para hacer el intercambio de gases vital para que siga existiendo. Si no había vuelto a menstruar era porque su útero había sido delicioso alimento para este acaro gigante y ya no quedaba absolutamente nada de el. Si le habían aparecido nuevas arrugas era porque la desgraciada usaba la keratina y las grasas naturales de la piel como saborizante.
No quiso pensar más en los destrozos que estaba sufriendo y que seguiría sufriendo. Era victima de una enfermedad infecciosa y ahora además de pena tenía miedo.

Por primera vez en su vida sintió que de pena uno si se puede morir. Cerró los ojos y se entregó a su garrapata.

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9 Comments on "La Pena"

  1. Pachi Valle Riestra
    Alessandra
    10/01/2010 at 9:12 pm Permalink

    “Cayó en cuenta que la sensación de tener un hueco en la boca del estomago no era solamente una sensación, era una realidad.”

    wow…

  2. Pachi Valle Riestra
    Silvia
    11/01/2010 at 12:47 am Permalink

    dile a ella que si no hay mal que dure cien años, mucho menos una pinche garrapata llegara al siglo
    cuando se muera ella, la garrapata, de repente la pena no se habra muerto del todo, pero ella, la mujer, habra ganado mas vida
    hasta la tristeza celebra la vida
    y dile que aca van mas abrazos

  3. Pachi Valle Riestra
    bibiana
    11/01/2010 at 10:09 am Permalink

    La garrapata es un parásito que está al acecho de su próximo huesped.
    La garrapata no es capaz de saltar de la planta a la huésped, el único método de transmisión es el -contacto directo- . Pueden esperar semanas o incluso meses antes de hallar un huésped adecuado.
    Cuando se encuentran trepan sobre ella y por medio de sus quelíceros, perforan la piel y empiezan a succionar sangre; su cuerpo se hincha y cuando está lleno, la garrapata se suelta.
    Esperemos que se llene pronto y luego de procesar toda tu sangre vaya raudamente en búsqueda de su próximo huesped.

  4. Pachi Valle Riestra
    palabrasuicida
    11/01/2010 at 12:19 pm Permalink

    Pachi, a los tiempos!… El dolor envejece, es cierto, mata. Y no se puede huir de él. La imagen de la garrapata es tristemente perfecto. Mas, el tiempo, el insensible y adorable tiempo nos comerá con garrapata y todo. Todo pasa.

  5. Pachi Valle Riestra
    Ethel
    11/01/2010 at 6:50 pm Permalink

    Alguna vez tuve mi propia garrapata… pero se fué y no volvió más.

    Gracias por escribir otra vez. Se te extrañaba mucho.

  6. Pachi Valle Riestra
    Anónima
    14/01/2010 at 8:14 pm Permalink

    bonita faceta que presentas en este post, pensé que habías dejado de escribir en el mismo. Gracias…..

    P.D: La cantante Bebe es sin acento…….

  7. Pachi Valle Riestra
    Leda
    16/01/2010 at 1:59 pm Permalink

    ¡Yupi regresaste! pensè que habìas tirado la toalla, de que tamaño esta tu garrapata? , la mia todavìa esta chiquita tal vez cuando llegue a la base 4 haya alcanzado su tamaño màximo…. traje un amigo (garrapatoso) para que te lea jejeje

  8. Pachi Valle Riestra
    Leda
    16/01/2010 at 2:01 pm Permalink

    ¿ Sabes de algun animal que coma garrapatas?, me gustaria tener uno como mascota a ver si se come la mìa abuuuuuu…….

  9. Pachi Valle Riestra
    Nadya
    24/01/2010 at 7:20 pm Permalink

    la pena tiene recuerdos, el miedo sólo secuelas. La pena te derrumba en un momento, el miedo en distintos tiempos….

    Y a veces, una llega a sentir pena del miedo,y otras tantas… miedo de sentir pena.

    Gracias por escribir tan bien.

    Saludos

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